lunes, 19 de abril de 2021

Sororidad, una bella palabra de mujer. Jose Carlos De Nobrega

 


Hago un hermoso paréntesis antes de seguir escribiendo mis cuentos de abril lunático. La preciosa Marhisela Ron León, mi hermana menor, madre y poeta que me dio este año de pandemia, tres bellísimos sobrinos y un muy sensual libro de poesía, me enseñó una palabra en su cartilla de ensueño libertario. Una palabra mujer que patentó mi admirado mentor, Don Miguel de Unamuno. Sí, el viejo pedorro según el trío infernal de la Residencia de Madrid en los locos 20 de hace un siglo: Luis Buñuel, Pepin Bello y el asexuado Salvador Dalí AG (antes de Gala). La palabra es SORORIDAD. Posee la sonoridad y la musicalidad vascuence y áspera, pero dulce al punto, de la poesía de Unamuno que canta a un buitre y al Cristo doloroso de Velazquez como si nada. Se refiere a la hermandad de las mujeres que retarían a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, ese orden depredador del Patriarcado machista, misógino, feminicida, homicida y oprobioso que ofende, golpea y escarnece a la Humanidad. Me cuenta Marhisela, que el término aparece en el prólogo de la novela "La Tía Tula" y en un artículo publicados hace cien años. Se desprende de la tragedia Antígona de Sofocles. Qué despiste feminista el mío, si había leído el Prólogo del autor (que puede saltar el lector de novelas), previo el drama de la tía Tula, puesto que no incluí el término en mi léxico vivo, a pesar de haberlo subrayado. Se me había olvidado la palabra y la acepción, posiblemente porque el machista en mi confederación de almas la recluyó en mi ático de corotos inútiles, incidentes traumáticos y deseos reprimidos. 

A la Real Academia de la Lengua Española le dio urticaria incluir nuestra palabra, no sólo por ser monárquica y feudal, sino también algo cuadrada de mentes. No era tolerable la geometría curvilínea de mujer en el diccionario. Tuvo que pasar noventa y siete años de ceguera y moralismo beato para que pudiéramos incluirla al fin, ello en beneplácito de la lengua en Eros y no el Tanatos de anaqueles desterrados y oxidados. 

Gracias a Marhisela, hermana de todas mis hermanas poetas, hija dilecta que mi mamá Augusta no conoció, introduje con terredad, aire, agua y fuego la palabra en mi alma cuyo mejor lado es femenino y feminista. SORORIDAD es el reencuentro de las hermanas Ron León paladeando ron, historias de luz, claroscuros y tinieblas que invocan su amor total de hembras en flor. Al igual que las peripecias de Hannah y sus hermanas en la Nueva York de Woody Allen. O la sociedad cómplice de las mujeres en Cría Cuervos, niñas y adultas, la película de Saura en el que la imaginación feminista hace trizas el patriarcado de Franco. Es María Eugenia Bravo leyendo una tarde bochornosa de domingo a María Calcaño, mientras suena los cuatro cirios de Javier Solis que alumbrarán el cadáver de Pedro Páramo para siempre. Son las morochas María Alejandra y María Daniela Rendón cantando una canción de cuna a mamá María Magdalena transfigurada en niña. O la poeta Marichina resucitando con sus poemas dulces de exilio y memoria a mamá, papá y los abuelos, mientras borda un vestidito celeste y lindo que se hará cometa y luego medusa bailando al fondo del mar. Son mis lecturas agradecidas a Sol Linares, Ana Enriqueta Teran, Susan Sontag, Enriqueta Arvelo Larriva, Anne Sexton, Laura Antillano y a las fotos de Diane Arbus, entre otras delicias de mujer. Es la sonrisa cinematográfica de Maruvi Leonett Villaquiran cuando compone un encuadre que recuerda la poesía de su abuelo Juan. Son las homilías y los sonetos barrocos que me lee y celebra en puntas de pie la también poeta Beatriz Alicia García Naranjo, porque sabe que son movidos por éstas que acabo de nombrar y el resto de las mujeres que amo porque de todas ellas lo aprendí en esta soledad tan grata y festiva. Por eso, mi cuñada BETTY y mis sobrinas aroman esta cueva de Platón con el perfume de las lágrimas y las risas, las aguas mansas que lavaron la melena y los pies de Cristo, el gran rabí feminista que las vindicó para dentera de fariseos bien padrotes y viles para todo.


Bien servida quedas, hermanita Marhisela. Ya arranqué el ensayo que me pediste de tarea. No es para menos, cuando tu clase fue magistral en amores que me sostienen en el aire como el colibrí de poemas inolvidables.

No hay comentarios:

Publicar un comentario