miércoles, 9 de diciembre de 2020

Una dama llamada depresion. Jose Carlos De Nobrega

Esta mano pintada de mar adentro por Abril, la hermana de Isa, nos anima a detener a esa dama misteriosa y envilecedora que es la depresión.

Si decimos que la dama se llama depresión, se refiere al género de la palabra. En esta aproximación no se encontrará ninguna alusión simbólica abyecta, ni tampoco compulsión misógina alguna. Se trata de abordar esta pandemia silenciosa y transnacional que mata tanto como el covid-19, pero que no tiene su actual cobertura mediática. Nos mueve solidarizarnos y contristarnos con el Prójimo que padece esta cruel y desmedida enfermedad psicológica. Ello desde la óptica de quienes la hemos padecido.

El Grito, lienzo aterrador de Edvard Munch pintado en óleo, temple y pastel sobre cartón en 1893, nos da una idea inquietante de la depresión. El personaje principal cuyo rostro devela la contundencia del dolor interior, nos sugiere la máscara más depresiva que pueda concebirse. No es la parodiada con mal gusto e irresponsabilidad (ética y estética) por la saga cinematográfica de Scream, ese producto balurdo de consumo masivo. Mucho menos un emoticon del asombro. Este ser depresivo recurrente, desafía la indolencia banal y depredadora del entorno que lo oprime. El paisaje cuasi psicodélico abruma a nuestro paciente sufriente desde adentro y desde afuera, recayendo su peso sobre el puente físico y psicológico. Dos transeúntes distraídos se alejan de él, sin reparar siquiera en su dolencia. Sin embargo, este puente resulta ser vía de transición para el crecimiento del alma o para su aniquilación. La esperanza descansa en la elección por la superación de tan fatal quietismo inducido adentro y afuera.

Sin pretender ser psiquiatras de nosotros mismos, el auto análisis legado por Freud y la interpretación de Jung que oscila entre lo clínico y lo sagrado, puede dotarnos de los aperos y las armas para combatir a esta muy hábil y destructora dama. Se nos antoja que la depresión es ni más ni menos la Gorgona Medusa. Su rostro atractivo y de mil máscaras insta al paciente a inmovilizarse en el teatro agonístico que es la vida. Entre Eros, pulsión de vida, y Tanatos, muerte encarnada, la opción es clara por la primera alternativa. Sólo que la realización de la empresa es de difícil completamiento pero de muy gratificante y rehabilitadora posibilidad. Si no veamonos en Perseo quien la decapitó no con menor dificultad.

Como le sucede a muchos espectadores con ese autorretrato de Bárbaro Rivas en azul y negro que nos habla de la sintomatología de sus delirios, es menester tomar conciencia de la enfermedad. La Metamorfosis de Kafka pareciera una tortuosa historia clínica de Gregorio Samsa, convertido en insecto lánguido y yacente en su cama. Su inmovilismo y descoordinación física y emocional, hace añicos la dinámica ya de por sí disfuncional de su entorno familiar y social. 

Lamentablemente la música de Kurt Cobain y Nirvana fue un acertado diagnóstico de sí que no llegó a formular un tratamiento efectivo. Acosado por sus demonios interiores y la crueldad de la sociedad victoriana que es USA que quería arrebatarle a él y a Courtney Love sus hijos, no soportó el fardo áspero ni el oprobio que lo empujaron al suicidio. 

La depresión, como se señaló con anterioridad, posee más disfraces y seudónimos que los que patentó en la escritura Rafael Bolívar Coronado. La Gorgona Medusa es una gran impostora. Por lo que el sufriente consciente debe afinar la mirada y así atinarle el golpe de gracia. 

Viene disfrazada de tristeza, nostalgia e incluso ira disconforme con y por el mundo. No podemos quedarnos en la culpa inducida y resentida hacia el mundo o el Otro. Precisamente la culpabilidad no sólo es inducida desde el aparataje envilecedor del Estado que afecta nuestras relaciones en familia y en el resto del espectro social. Como pulsión autodestructiva, ancestral y cultural, proviene de adentro. A tal respecto, Kierkegaard, maestro y tutor del existencialismo, nos advierte que "El yo del fatalista no respira, ya que la pura necesidad es irrespirable y en ella el yo del hombre no hace más que asfixiarse". Lo cual margina al paciente y avala la cultura funeraria del pequeño burgués para sometimiento de las mayorías: "la banalidad burguesa se halla satisfecha en lo trivial y está igualmente desesperada, tanto si marchan las cosas bien como si van mal". Por lo que asumir que se es depresivo, traerá consigo la farmacopea eficaz del modo de vida religioso, la política auténtica o, mejor aún, la Poesía que puede involucrarlas a un movimiento de tenaz resistencia y contraataque.

La depresión no puede confundirse ni con la nostalgia ni con la saudade. La Medusa se vale del exilio interior y físico para hacer de las suyas. O te doblega hasta el más absoluto decaimiento, o te gana para las filas de los pequeños burgueses sin imaginación, seas de derecha o izquierda.  "Mi Patria", poema hermoso de Vinicius de Moraes, no se deja engañar pese al dolor que apareja el desarraigo: Es una canción de cuna dirigida a la hija Brasil para que duerma plácida, no obstante la saudade, la contingencia y el debatirse entre el llanto crudo y las contradicciones de adentro y afuera. "Y pediré qué pieza al ruiseñor de día / Qué pieza al Sabiá / Para llevarte presto este avigrama: 'Patria mía, saudades de quien te ama... / Vinicius de Moraes' ". 

En la siguiente entrega, continuaremos dándole fiera pelea poética y espiritual a esta dama llamada Depresión. 


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