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domingo, 13 de febrero de 2022

Mi Corte de Rey salmista compulsivo

 

Ilustración de VANI Rivas o Vanileiby González Rivas


Mi Corte de Rey salmista compulsivo

José Carlos De Nóbrega

Si bien soy anarcoteísta, ecléctico y republicano bermelho,
Hoy me siento Alfonso X y bien amado Rey Sabio de Corte en afectos.
Escribo mis tratados en castellano venezolano
Y cantigas de amigo en el portuñol de madre reina augusta.

Mi Corte sin oropel ni estridencia alguna es colmena amorosa bullente: 
Luis Alberto y su trobar claro de piedemonte,
Don Pedro mi hermano y asesor dulce, satírico y cínico de Estado.
Doña Gea anida poesía de trinar paradisíaco en mi oído izquierdo.

Tengo también a la princesa VANI quien me pinta poema sinfónico
Que cita mosaicos de reyes bizantinos y murales libertarios de México.
No me olvido red-tratos de Luis Alberto, Sergio Gómez y Yuri Valecillo.

Mi Vani consentida de Golfo plácido y hermana de mi hermana Sol Marhisela,
Destaca mis ojos tristonhos y achinados
En mirada a lo James Dean al este del Paraíso.

martes, 4 de mayo de 2021

Retrato panoptico de Marhisela. Jose Carlos De Nobrega



 Retrato panóptico de Marhisela

El poeta Homero recobró la vista

En esta cueva umbrosa de Platón,

Cuando de Marhisela le di la pista

De su rostro lírico de playón.


Le dije que es óvalo de ensueño

Y sol de dentadura muy perfecta

Que abre la bruma y no tiene dueño,

Ola impetuosa de luz dilecta.


La frente, amplia y despejada, compendio

De paisajes fabulosos. Y el busto?

El pelo, salto de agua e incendio,


Fogata en la mar... Y el pecho augusto?

Son dos planetas en carnal dispendio

De magma dulce, maná que da gusto.


(Ya los vide, ya los vide, abrevé de ese par fecundo con un millón de ojos que laminan mi lengua incestuosa de crío, respondió Homero). 

domingo, 25 de abril de 2021

La Tia Tula es Unamuno. Jose Carlos De Nobrega

 


A Marhisela Ron León

El título de por sí es polémico, mientras que la dedicatoria se mueve entre el agradecimiento y el amor fraternal de amigos que se complementan en la poesía, la confidencia y el afecto más lúdico que pueda concebirse.

Ignoro si alguien haya intentado esta hipótesis feminista rara sobre la novela de Unamuno. A obra atípica, especulación osada de un polemista compulsivo. Qué se podría esperar en este primer cuarto del siglo XXI, marcado por la Pandemia del covid-19 y la revisita de la Guerra Fría como café amargo de tres. La Tía Tula no es ni folletín amoroso ni histórico. Bien lo apunta Julian Marías. Pero no deja de ser una muy peculiar historia de amor dentro de un contexto en el que no se pintan coordenadas históricas ni geográficas, ni falta que hiciese porque empero sí están latentes. Escrita en 1920 y publicada al año siguiente, novela centenaria pues, tenemos la sobrevivencia del Medioevo español, no en balde la crisis del país colonial de 1898, la cultura patriarcal autoritaria y  el imperio del catolicismo ultramontano. Unamuno, de convicciones socialistas en su colmena bullente de contradicciones, se exilia en París luego que la dictadura milica de Primo de Rivera lo destituye de la rectoría y su cátedra de la Universidad de Salamanca.

Esta novela sentimental, sin las pretensiones del folletín ni las sociologizantes de la novela histórica realista, posee un áspero y extraño feminismo. Esto es que el autor macho se convierte en la mujer protagonista del discurso narrativo. Se pone en sus zapatos, diseñados por el orden machista absoluto de ley y de hecho, para no sólo contrariar el atraso y la injusticia estructural del siglo naciente, el XX, sino también su misoginia excluyente y obscena. No nos parece que ni la Tía Tula ni la constelación de personajes igualmente atribulados que la acompañan las más de las veces como satélites, sean arquetipos para demostrar tesis sociológicas ni psicologistas de ningún tipo. Es pulsión intermitente y humanística que se halla enraizada en el Amor, la contristación y la solidaridad para con la mujer española. Qué movería a Don Miguel de Unamuno casado con Concha, Concepción Lizarraga, desde 1891 hasta 1936 (año de la muerte de ambos luego de 45 de comunidad matrimonial), los dos padres de 9 hijos, 6 varones y 3 hembras? Papá Miguel se suponía un patriarca católico de los suyos.


La Tía Tula excede el arquetipo de la mujer que queda solterona y ejerce en la familia tradicional española un rol matriarcal de apoyo o paralelo a la de la madre. Mujer que se hace frígida a voluntad, como opción de vida, además de controladora de sus alrededores. Esta víctima y victimaria del patriarcado, aunque católica, está exenta de beatería insulsa e histérica y posee una inteligencia de intelecto y manipulación emocional. Su liderazgo se hace sentir en su hermana Rosa, su esposo Ramiro (respecto a quien reprimió su amor erótico), Manola la criada que sería la segunda esposa de éste y la prole de ambas uniones matrimoniales impuesta bajo su totalitarismo matriarcal. 

Por supuesto, la Tía Tula no es una madre castradora por excelencia. Ni una mujer resentida que vomita sobre su entorno la hiel que la corroe. El autor, Unamuno, impostando la aparente neutralidad del narrador omnisciente, encarna en ella transmitiéndole su carácter personal díscolo y su poética áspera que sin embargo busca y da afecto bajo una extraña forma de Amor. Ni la Tía es caníbal que devora a sus hijos devorándose a sí misma, ni el escritor un viejo pedorro como lo apodaban los amigos de la Residencia de Madrid más cínicos, Buñuel, Pepin Bello y Dalí. García Lorca estaba embebido de la belleza de adentro y de afuera. Unamuno aprende a tiempo y a su paradójica manera el amar a la mujer que late tras la severidad matriarcal de Gertrudis. El también atípico prólogo, por demás lúdico y sorpresivo, nos hace un aporte lexical y humanístico de gran valía, como me lo hizo ver mi hermana poeta Marhisela, la sonoridad áspera pero viva y seductora de la palabra SORORIDAD, la confraternidad entre féminas que quieren autoafirmarse y al punto complementarse en diálogo auténtico, solidario y amoroso con los varones, hasta educarlos en una colmena mágica traducida en comunidad de sensibilidad, igualdad en la diversidad y la justicia. No se puede dar pie a jerarquías artificiales, sino de diluir los roles de la reina, las obreras y los zánganos en la dulzura enternecida y conmovedora de la miel.


No es esta preciosa novela, exenta de sensiblería y arquetipos, tan romántica como Cumbres Borrascosas de nuestra Emily Bronte, pero hay pasadizos de una profunda vinculación humanística y, por qué no, de sororidades. Pese a que la Tía Tula, honestamente, impone su proyecto de relaciones de poder en familia, sacrifica inútilmente su proyecto de vida como mujer que dispense y reciba amor erótico, amén de la fecundidad de la madre que alumbre la prole con dolor, estrechez pelvica y Amor Loco. Fue simplemente su reacción lo más inteligente y soberana posible para sobrevivir en un mundo gobernado por el mesianismo falso trocado en monarquía de machos crueles, indolentes y ambiciosos. Ella modeló a Rosa, su hermana, Ramiro, Manola la criada y ser sumiso seducida y preñada por éste, además de los hijos de los que se apropió: Ramirin, Rosita, Elvira y Manolita. Ella renuncia a sí misma a cambio de ejercer un poder que está mal tocado por el imperio machista y cuasi medieval de España. Diseñó una estrella de David como la doble triangulación amorosa, represiva y muerta viva. Un primer triángulo integrado por Gertrudis, su amor frustrado Ramiro y el pretendiente o pelele de Ricardo, el primo de él. Y un segundo invertido con La Tía Tula y los esposos Rosa y Ramiro.

Hasta aquí, por los momentos, ésta mi tesis desencaminada sobre esta novela soberbia.

Mi agradecimiento reiterativo por partida dupla: A mis maestros Don Miguel de Unamuno y a la poeta hermana Marhisela.

Post Scriptum: No te he olvidado mi muy señora poeta, aunque la Pandemia te tenga apocadita. El sacrificio maternal lo vale, bien lo sé porque fui acreedor del Amor sargento y monjil de Mamá Augusta. Este sacrificio para con los soles y las lunas, no desdice la condición vitalista que te empine como una mujer de una sensualidad que coquetea con tu pudor todo encanto. No seamos prisioneros y carceleros de nosotros mismos, amor mío.

lunes, 15 de febrero de 2021

Bono de una Guaricha de Puerto. Jose Carlos De Nobrega

La poeta Marhisela Ron León y la pequeña Frida. Y el pequeño gordito de Diego Ribera?

Nuestra poeta nos hizo llegar un complemento de su poemario "Bonus", como si fuera un organismo en pleno crecimiento. Son cosas de la poesía viva. No en balde, Juan Calzadilla reescribe sus poemas y publica por lo menos una antología al año. La Poesía no es compartimiento estanco ni formalismo estético y literario, sino una fuerza sobrenatural que no cesa en la configuración de su cadencia y melodía en la musicalidad del mundo.


Una poeta con sombrero como en un cuadro del viejo Emilio Boggio

Sé que " Bonus ", y esta segunda parte "Bonus (Restante)", son títulos provisionales de un cuerpo poético precioso y seductor por demás. Pero me gustan porque nos introducen en un libro que se construye a perpetuidad. Claro está, me dejé de escribir libros definitivos y lapidarios. Mis títulos de ensayo y cuento sientan bien con esa noción del libro abierto, categoría viva que exhibe el proceso de escritura por dentro y al punto posee el misterio o la poesía sabrosa del enigma de la vida misma.

Entonces, este poemario es un díptico dinámico del proceso escritural de la muy agraciada Marhisela. Vamos, pues, a conversar con este segundo panel poético esencialista. Los poemas eróticos siguen allí, aguardando por la sensibilidad del lector que apuesta por el ardor. Sólo que se funden en un coito bonito y plácido con textos de afirmación ontológica en el asombro y la duda, un ejercicio de prosa poética conversada y sin pretensiones hermenéuticas, un soneto gustoso y otro de ars poética del Decir, la miniatura que coquetea con el aforismo, el ars poética personal y el Elogio vitalista que destila la gratitud por lo vivido y lo recreado con el poder comunal de la Palabra.

Lo que me atrapa de esta colección poética provisional y muy bien cincelada, es la combinatoria del discurso directo y auténtico con lo contingente y lo bello, que sugiere como quien no quiere la cosa, esto es de guisa indirecta, múltiples lecturas maravillosas. Por ejemplo, no hay referentes físicos de una paisajística, pero el paisaje porteño interiorizado está latente. Esa musicalidad del reggae de Marley, Los Pericos, Los Cafres y Paralamas alienta sus muy diversos registros. Incluso los boleros de Ítalo Pizzolante. El cuerpo es playa, mar calmada o picada, o arrecife de coral sublimados con impunidad silenciosa.

"La mujer que a mí me gusta", que inicia el segundo panel, es un grandioso texto confesional de afirmación femenina. En este cuadro, la autoafirmación no es egocentrista ni corresponde a la sonsa estética de los selfies tan en boga banal y mediática. Es la ráfaga de la autoestima de la hembra muy suya que tanto seduce a hombres de buena voluntad. La Guaricha se nos presenta selectiva en materia de emparejamiento, pero en el afán de reivindicación del panal comunitario y, por qué no, matrimonial de a de veras. 

He aquí la cabeza de la serpiente mordelona: " La Mujer que a mí me gusta / llegó una madrugada de noviembre / sin prólogo ni pie de página / llegó con nombre propio en la poesía ". Y esta es la cola mordida: "se escribe a sí misma, se asoma al éxtasis y arde / tanto, tantísimo / la palabra, curiosidad y asombro la convocan / la mujer que a mí me gusta es real y vive conmigo, desde siempre". Este intervalo comprende la tozudez mística de Santa Teresa y el egotismo de pulso firme de Rufino Blanco Fombona. 

Por lo que su Ars Poética se vincula con su propia pulsión vital. Corazón pleno y enigmático que se nos abre en una escritura rigurosa y transparente: " escribe un poema que ni Dios olvide / besa un poema en sus reglas y códigos / multiplica un poema que talle los huesos y quite las penas". Este es el terceto de cierre del soneto "Escribe un poema por favor que guste". El Elogio al otro nos reconforta con solidaridad y agradecimiento. Desde el que le dedica a su Capitán de barco y de convivencia ("Nuestras manos"), hasta el que abraza a otra amiga en la poesía, Rosaria. La poeta nos invita al mundo de sus afectos, como si fuéramos el amigo o el hijo pródigo que regresa de un largo viaje. Nos enganchó "Estoy atenta", una cuidadosa estampa de nuestra Caracas natal, la cantada por Billo y en donde el calor lírico de Macondo importunó el clima frío de nuestra preadolescencia de quince grados.

Se trata, estimados lectores a los que también amo, de una escritura decidida del afecto superlativo sin cortapisas ni mecanismos de defensa. Se es, Se es, valga este palíndromo extraído de Canaima, el paisaje feraz y la mejor novela de Gallegos.


"Mis raíces" constituye un frondoso Samán de genealogías, vivencias y esperanzas, que sembrado en el paisaje de costa dialoga con el uvero, el Paseo de la Marina o el Astillero algo abandonado, no obstante el bullir insistente del Puerto. La Alcantarilla, antes el doloroso teatro del Porteñazo, es ámbito recobrado por la gratitud y la gratuidad de la educación sentimental con que Marhisela nos contrapresta al atardecer.

"Debo dejar fluir la conciencia" es un atrevido y magnífico poema en prosa, sin pausas, conversado, malpensante en imágenes y metáforas elementales, flujo y reflujo de un solo tirón de lectura y escritura por la Legión con su vocerío interior disonante pero sinfónico. (J)oda primaria que recompensa toda búsqueda filosófica y estética que no nos da respuestas automáticas, sino que nos enseña a formular interrogantes mucho más vivaces y menos pretenciosas.

"Mi mundo terco" se nos antoja un bolero inquieto como los que ponía en escena La Lupe. La más pura e intensa poesía confesional que resuena en el oído: "Me hago libre, me hago ultimátum y terca en el decir". O qué tal este poema aguerrido del poemario escrito y vivido en cuarentena: "Los versos también se visten / se extienden en una cuerda de alambres de púas / como banderas en tiempos de guerra. // La ropa a veces suele verme de reojo con una pizca de vergüenza en el closet. // Algún algodón, poliéster, rayón, / resiste en ganchos que conocen de historia. // Puedo creer que salen de fiesta / mientras duermo / resbalan campantes por las calles de noche". Ars Poética que no reniega del desconcierto ante el despropósito del mundo ni de la confusión de la casa que nos habita, susceptible de reordenarse y recomponerse en compulsión rebelde.

" Yo me desnudo también para mí " nos insta a sostener un diálogo trino, placentero y fructuoso entre el cuerpo, la mente y el espíritu. No debe confundirse con aquellos seres infames que ante la TV por cable y las redes sociales, en la oscuridad del cuarto premium de un hotel de lujo, se masturban envileciendose cuando hay tanta mujer buena por allí, como nos lo contaba Facundo Cabral. Es Ontología auténtica y cantada que se traduce en conversación que apuntala el idilio del cuerpo, la personalidad, la emoción, la fe y el intelecto sobre las sábanas y a través del espejo que la Poesía aroma y desempaña respectivamente.

El poema breve se asimila al quehacer ingenioso y legislador de adentro y afuera con que nos reconviene y vindica el aforismo. "Tengo un verso censurado / que se mece en mi vestido / que vigila mis caderas / mientras caminamos juntos". 

Definitivamente, este incunable libro nos recuerda que la literatura escrita por las venezolanas hoy nos gusta una barbaridad. Acompaña escrituras entrañables como las de Sol Linares, Ximena Benítez, María Alejandra  Rendón, Marichina García Herrero, Niddy Calderón, Íngrid Chicote y Noris Nicoliello entre muchas otras. Dejense seducir, sin miedo ni prejuicios patriarcales, por esta Guaricha porteña y universal. Les reconfortará con la serenidad de las aguas de Puerto Cabello, no obstante lo bullente de sus benditas y muy traviesas corrientes submarinas.

domingo, 14 de febrero de 2021

Dones de una hembra resuelta. Jose Carlos De Nobrega

 

La poeta porteña de Venezuela Marhisela Ron León en todo su esplendor

Después de una década, nos reencontramos con la poesía erótica de Marhisela Ron León. Habíamos presentado su primer poemario "Íntimo" en el año 2010, publicado por el perro y la rana, Sistema Nacional de Imprentas, Carabobo. He aquí el link de la reseña en cuestión: 

http://salmoscompulsivos.blogspot.com/2010/09/el-perfume-hembra-brava-jose-carlos-de.html?m=1

Pues nuestra poeta padece todavía de erotismo lúdico recurrente, a Dios gracias, ello en un Decir inmediato, claro y caribeño. Ni el discurso poético ni la pulsión de Eros declinan en este segundo volumen de poesía, "Bonus". Ni siquiera en el contexto de la cuarentena entre endurecida y flexible que se ha empoderado de nuestra cotidianidad. 

Heredera del legado poético, audaz y sensual de María Calcaño, Marhisela Ron León se vincula también al desparpajo de poetas mestizos como los brasileños Manuel Bandeira (Arte de Amar) y Ana Cristina Cesar, quienes apuestan por una poética inmediata de los cuerpos fundidos en una sola y exquisita carnadura. Priva lo lúdico en ella sin desprenderse de un espíritu romántico muy terráqueo. 

" Trata de ver más allá / de solo un cuerpo desnudo / de quitarse la ropa / de tocarse / de sumergirse en su boca / de adentrarse en sus piernas".

Nos encontramos con la voz de una mujer vivaz y muy resuelta a la hora del goce erótico, de variado registro verbal hasta la impostura, que para nuestra fortuna nos desviste del pudor mediterráneo y nos rebautiza en la concupiscencia cálida del Mar Caribe. Como en el bolero de Tito Rodriguez, "Amor no es sólo sexo / también hay que querer", el coito o encuentro de encuentros no se limita a un desahogo fisiológico, sino se enriquece en diálogo humanístico de afectos. Ello en la humedad esencial y lúbrica, no desprovista de ganas, festividad y humor saleroso.

La hembra protagoniza el poema en un acto de liberación integral que hace añicos tanto al patriarcado como al feminismo extremo. Los géneros se complementan en un afán libertario compartido. La mujer no es objeto sexual ni víctima sumisa: Asume con alegría extremista los roles de maestra, curandera y madre fecunda. Eso sí, sin idealización ni ideologización (falsa conciencia) del acto o coito sexual como sal posible y esencial de la cotidianidad.

La escritora Marhisela Ron León

Las jarchas mozárabes presentan una poesía íntima de voz femenina, con que los poetas machos se deslastran de lo bélico en la acción y lo épico en el Decir. Antecedieron al Poema de Mío Cid como primeras manifestaciones literarias del castellano. En el caso de Marhisela, en muchos de los poemas se asume la voz de la mujer y luego la del hombre, indistintamente, a los fines de resemantizar el diálogo corporal y discursivo poético. De manera que como lo dice el poeta Lêdo Ivo, lo íntimo-erótico sea un motivo épico, pues "y, guerrero, por ti soy guerreado". 

" Compañero, / abandone la batalla / cuelgue las armas / rindase // sacuda el polvo de sus pasos / limpie el sudor de su frente / el ardor de su sangre / la rabia de acompañante // compañero, / no blasfeme / invencible soy el hombre / quien grita y libera // una y otra vez su nombre".

Los cuerpos de la hembra y el varón se liberan en la escritura fogosa y transparente de cada poema. Ello al igual que los caligramas que se fusionan en una danza vitalista sobre una cama en llamas. Recuerden que Juan Calzadilla recrea cuerpos desnudos que se frotan unos con otros, tanto en el trazo que los dibuja con simplicidad como en la configuración de un poema apasionado de locuacidad carnal.

La metáfora viva de la comunidad sexual entre dos, adquiere formas diversas relacionadas con lo lúdico.  Sea el complejo juego de ajedrez donde pugnan los roles del Rey y de la Reina, o el discurso chismoso de la baraja española.  Y especialmente, la corporeidad de dos que se hacen uno, alberga una Legión de voces diversas, contingentes y hambrientas de deseo y liberación del ardor.

"En mi cuerpo habitan / otras mujeres / distintas, particulares / ebrias, desalmadas // rebeldes, poderosas / dispuestas, sensuales / frenéticas, desbocadas / frondosas, aguerridas // en mi cuerpo habita / algún hombre / deseoso, valiente / libre, profundo // habitan en mi cuerpo / todos / con un canto / común". 

De modo que el sexo sea terapia liberadora y no perversión en la represión y en el exceso libertino. No son ciudadanos libres los depredadores sexuales, ni las mujeres frígidas. Tampoco las ninfómanas. Sólo se hacen acreedores de tal título de nobleza y raza, aquellos que se aman a contracorriente de los poderosos y los opresores. A pesar de usted, politicastro o milico, como le canta y le corresponde a nuestra preciosa poeta el gran Chico Buarque.