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jueves, 27 de enero de 2022

La escalera de Jacob segun el poeta Jose Pulido (2B)


Foto de Nelson Garrido

La Escalera de Jacob según el Poeta José Pulido (2B)

Apuntes en 5 días hábiles:
Espacios del Adiós y otros poemas. Antología (Editorial Ítaca, 2020)
José Carlos De Nóbrega

Proseguimos con esta selección de Milagros Mata Gil en torno a la poesía de José Pulido.

Bueno Sí: La Maravilla, edifica una Oda a la Palabra que hace, destruye y recompone al mundo. El tríptico es fundación, "El amor es la gran posesión que el lenguaje enfatiza / pero le exigimos una maravilla que no podemos definir". Luego Auge y entusiasmo, " Haber llegado a esa conclusión y comentarla / no es un milagro del lenguaje?". Y al final decadencia, muerte y redención, "Puedo desconectar de la permanente carne / el espectro del miedo / hasta que diga la verdad" que nos irá haciendo libres.

Lo que mi madre quería, destacado por Mata Gil, nos impacta poema conmovedor que significa vindicación y fervor vivaz por la fecundidad de la Mujer. Se trata de cristianismo primitivo y mariano que se quedó escondido en las catacumbas. "Ella sólo hace cosas por los demás".

Los Espacios del Adiós, texto que da título al libro, se realiza crónica elegíaca sobre nuestra madurez y vejez como deudos de amigos yéndose al cielo, el purgatorio, el infierno o la nada de su elección. Esperar el próximo tren en tiempos de la Peste. Evidente escondido, desmenuza un tratado de la soledad que sabe contradecirse. El poema es equivalente o sucedáneo de la legión de almas, tal como sostiene y pugna Pereira el viudo de la magnífica novela de Tabbucchi: " y entonces descubren ay cariño! que la soledad es un órgano / un músculo con venas, una coraza, un nervio, un armatoste vivo".

El poeta, más que Ars poética, propina derrota en desquite a la República perfecta de Platón, conocedor de las vilezas del hombre, asimismo a la mezquindad que empujó a la muerte a Sócrates, filósofo y poeta de la impostura, e incluso a la ambición del todo traducida a la nada. "Ha ido a los lugares periféricos que mantenía descritos como la dirección de habitación de Dios?"

Ese libro de adentro, se forja diálogo perpetuo con el Otro que facilta la conversa consigo mismo. Consagración bifocal al que lee y a la escritura propia y ajena. Corazón delator encriptándose a diario en la inmediatez del Decir.

Sala de espera, "Como la poesía no es una enfermedad es mejor sentirla que estudiarla", juega al anti-oráculo. Espacio paradójico, placentero e irreverente como el Purgatorio. Poema en prosa cual parlamento caza bobos de Sartre o Beckett. Se dirige al poema y al punto a la poesía para evadir y parodiar el desconsuelo del narratario. " Se van, se van, el amor es una sala de espera, el olvido es un gran tesoro lleno hasta los bordes".

Lo fácil es más difícil, sugiere trizando el sentido común, que la cotidianidad, en realidad aparte, va a la par del misterio de la vida. Silvia Plath fue poeta apasionada y atribulada, desde atender sus asuntos domésticos hasta darse fin a sí en su propia pira funeraria.

Y ahora vamos cerrando nuestros comentarios con el segundo panel de la antología, De amores será. Aquí entre Nos, abre con un texto entre los arrebatos impetuosos del amor erótico y la comunidad matrimonial cotidiana: "las islas del pensar visito en nuestro cuarto / el cuarto es un océano / donde algo de Jonás se está moviendo", metáfora bíblica que remite al agotamiento y el renacimiento del amor insondable.

Óptica de pecho abierto, en la inasibilidad de la bienaventuranza, nos presenta a Byron y la Beatriz del Dante en un duelo erótico y existencial en la Casa que ambos persisten en sostener Dios, apropiación del Otro, canibalismo y misterio mediantes en fundido encadenado y contingente. 

El Extracto evidencia el puente colgante y balbuceante entre la terredad sagrada y la interpretación del mundo en tanto libro de la vida tan manoseado empero poco comprendido.

Nuestra poeta en una estrecha tarde, pinta otra elegía enternecida y lánguida en el acto de la Palabra dura que es ésta.  Ello de parte del aprendiz de la poeta Miyó Vestrini, transfigurada en versos de afilado expresionismo por demás inolvidables, amén del humo de su cigarrillo. 

Segunda tanda noticiosa y Nimiedades filosóficas, en cambio, apelan a géneros escriturales disímiles del poema como la nota periodística y el ensayo, para que la Poesía se descojone embelleciendo el desencanto que acogota cuerpo morboso y pensamiento en extravío incesante.

miércoles, 26 de enero de 2022

La escalera de Jacob segun el poeta Jose Pulido (2A)


 La Escalera de Jacob según José Pulido (2A)
Apuntes en 5 días hábiles:
Espacios del Adiós y otros poemas (2020)
José Carlos De Nóbrega

Espacios del Adiós y otros poemas. Antología (Editorial Ítaca, 2020) de José Pulido con prólogo y selección de Milagros Mata Gil, es un libro muy bien estructurado que nos revela las líneas discursivas de la poesía de su autor. La antología como tal cumple con su cometido en la delimitación y presentación de este importante polígrafo venezolano. De un universo de cien poemas, la antologista escogió treinta muestras muy ilustrativas del poeta Pulido. En el prólogo, la ensayista de raza Milagros Mata Gil, desarrolla una aproximación muy pertinente. Refiere el alma transgenérica de un escritor que vincula en un diálogo natural el verso con la prosa, esto es la conversa no exenta de afinidades y cofrontaciones entre el poema, el Dios, y la prosa, el Diablo de la Poesía como si se recreara el libro de Job. Ello en el contexto de la misma propuesta antológica dupla. Los espacios del adiós, capítulo ligado a la cotidianidad considerada poéticamente, y luego De amores será, referido a la poesía amorosa consanguínea, de pareja y de encuentros furtivos causales. Mientras la lectora atenta se afinca en su afán hermenéutico, tempo dialógico como velocidad en que debe interpretarse la obra de arte, este reseñista compulsivo se mueve en una hermenéutica también, sólo que de giro teológico en la liberación.

En el primer panel, Los Espacios del Adiós, observamos un oratorio y confesionario a la manera jesuita, ello en una indagación ecléctica de la cotidianidad. Nos llama la atención que los primeros versos en este apartado y el que le sigue, estén en cursivas. Por lo que nos dio la impresión de un aforismo que el corpus poético comenta a la manera del maravilloso conceptismo de Baltasar Gracián. Si esto no es deliberado de parte del poeta y su aliada que lo antologa y lo edita con cuidadoso afecto, suponemos un milagro del discurso poético. El primer poema,  Oraciones, parece apuntalar nuestro capricho argumentativo: La oración en la reiteración católica y catequista, implica un diálogo significativo con Dios trino liberador, el panteísmo, el escepticismo y el hombre fortalecido en su precariedad. "Gracias Señor por dejarnos la intensidad del recuerdo / al arrancarnos cada paraíso". El uno y el otro, complementa en un mismo tono el texto de arranque, Ars poética mística sin levitación ni accesis barroca.

Para que después no te quejes, esboza una Teología liberadora e informalista sobre el Destino que ni es manifiesto de imperio, ni claudicación conformista con las voces autorizadas en la usurpación de un Dios silencioso y equívoco. Ello por vía de un teorema religioso impostado en su construcción y desalojo del ímpetu coral y vitalista del alma y la psique.

No estamos alegando que Pulido sea un papista de nuevo cuño jesuítico, sino un militante comprometido de la poesía exento de dogmas religiosos e ideológicos. Los soldados afuera, resulta Bestiario extraño, inquietante y ejercicio de metáforas comparadas. Se humanizan a las bestias para denotar la incredulidad ante los hombres y la Historia tan desencaminados en lectura dupla. La poesía es militancia en inteligencia mística desmitologizada, pues no cae en la confortabilidad del panfleto ideologizado ni resentido. Los dinosaurios de Monterroso y Charly García persisten insomnes en nuestras ensoñaciones.

Madera es mixtura entre el bestiario entomológico a lo Buñuel y un fado de maderamen y saudade marina que atraca en un puerto viejo y desolado. Las termitas se roen a sí mismas fecundando a una garota o rapariga gustosa e impúdica. "Por ejemplo, aquel rostro plácido y sonrosado / partió en feliz galope por todo el campo del morir?"

La esencia de la espina, "Creo en el fantasma de la realidad / creo que la realidad fallece a cada rato y nos espanta / cotidianamente", supone angelogía que iguala y complementa a ángeles y demonios, ello en el corazón atribulado del Doctor Jekill quien no pudo escindirse de Míster Hyde. La Espina incentiva el Dolor como catarsis del alma hecha coro anárquico. Mientras la Espita involucra la expulsión del agua bullente en caudal que nos ahoga.

De carreteras legendarias, tenemos poema objeto transubstanciado en postal fotográfica comentada, simpática y abierta. Parece una puesta en escena de vodevil, quizás un ready made en tiempos de Pandemia que dice teología y ontología micros aliñadas con humor picante. " Homero como panela de San Joaquín es descenso / Y Ulises pasaba al lado de la isla / sin intención de llevarle a Penélope / un dulce de leche, unas catalinas, un detalle" en el sueño de Petra con libro abierto.

Otro de nuestros poemas preferidos, Aquí entre nos, revisando esferas, arranca con un precioso aforismo, "Dios es como un niño infinito que todo lo desarma y todo lo acongoja". El corpus o comento poético se hace epístola inconforme a la Ira de Dios en favor de sus pobres criaturas sufrientes. Se trata de Job disconforme, sí, como su propio libro, pero concebido diplomático habilidoso como mercader judío en despliegue del regateo, " No deberías destruir la existencia / porque ya la abundancia del mal lo está haciendo ".

martes, 25 de enero de 2022

La escalera de Jacob segun el poeta Jose Pulido (1)

 


La escalera de Jacob según el poeta José Pulido (1)

Apuntes en 5 jornadas hábiles:
Heridas espaciales y mermeladas caseras (2019)

Dadas las coordenadas planteadas en el titulo y los subtítulos, conversaremos en torno a un panorama de la obra poética de José Pulido (Villa de Cura, 1945), a quien conocí en las páginas del diario El Nacional, después en persona en una edición de Filven en Caracas, luego como novelista y, ahora, en Pandemia como poeta. Él es un polígrafo muy peculiar que me simpatiza muchísimo. Ah, claro, tenemos un amigo en común en la ciudad dorada de Salamanca: el poeta amazónico Alfredo Pérez Alencart, quien nos publicó en dos espacios cálidos tan suyos en ínter. 

Empezamos con el poemario Heridas espaciales y mermeladas caseras (Barralibros.editores, 2019). Como sucede con algunos polígrafos, el poemario se asocia con la prosa narrativa del autor. Respira el aire de la crónica y cierta filosofía asistemática convocados por el afán poético multiforme. Nada se salva de lo elemental, se nos antoja una Cosmogonía en la cotidianidad que hala al presente continuo y presentido más allá de lo sensorial. En el poema breve al pie del poema, recurrencia incesante a lo largo del conjunto, el poeta es testigo del diálogo o entrevista imaginaria entre Shakespeare y Kafka: el texto es grafitti en la pared verde mohoso de un castillo y un teatro de pasadizos intrincados. 

Kafka multiplicado, nos lo rescata al igual que Max Brod con sus escritos inéditos a la fecha y, por supuesto, esa apología maravillosa de Elias Canetti que vincula El Proceso con el epistolario amoroso y equívoco entre Kafka y Felice Bauer: "Franz Kafka trataba de volar con alas atrofiadas / nunca hubo alas más preciosas para los cielos apagados". Cuentos intemporales imposta al rey Arturo en el Camelot revisitado desde la desilusión ideológica y estética. El poema incorpora palabras para nada altisonantes como chancletas, samplegario o mojiganga. Se desmantela y desmitifica el relato épico con un cuento de hadas cachondo, ello en el espíritu de una teología de la liberación: " Todos buscaban el Santo Grial / no puedes imaginar de qué manera lo buscaban / y jamás sospecharon que Jesús constituía el Santo Grial". No es, como se puede (mal) pensar, un artificioso ejercicio de literatura referencial. La referencia, además de pulsión en amorío lector, conduce a las tensiones de la existencia en la polifonía de la voz poética. Lo emocional va con y a contracorriente de la propuesta conceptual como tal. Se estructura un poema objeto duplo, tipo Joan Bossa o Marcel Duchamp, para hermanar lo confesional con lo teológico liberador (piénsese en Leonardo Boff y en el protestante Dietrich Bonhoeffer).

Para la hora de rehacer, tenemos un llamado a reconfigurar la casa que somos para sacudir el entorno exterior: "No importa en qué consiste / hazlo barro, hazlo viga / hasta que rehagas el íntimo país". Algo así como esos edificios misteriosos dibujados por Piranesi, eso sí, en ejercicio espiritual jesuita y barroco. Entretenimientos por así decirlo, significa valerse de un momento de hastío turístico para pensar en Dios y en sí mismo como escritura frágil e insegura, " le echaré la culpa por haber estado arando en el papel toda la vida? " Al pie descansa el poema breve donde la legión de demonios hecha manada de cerdos, se restriega de las piernas de Cristo sorteando el miedo a su poder airado. El día como vestimenta, es desnudarse problemática de una y otra vida en el marco de la política de mercadeo de ultratumba o, mejor, en conociéndose con Tolstoi cielo e infierno que se atan en la Tierra.

La vagancia de estar soñando, homenaje a Wislava Szymborska que se hace ars poética encarnada propia entre el sufrimiento y el orgasmo o rotunda muerte gozosa. Referencias normales es de mis poemas favoritos del libro, "No quiero tener referencias gloriosas / sólo las sencillas comprensibles / las que me salvaron en primera instancia de la desolación". Aroma la familia y el paisaje de la Arcadia mentada Villa de Cura. Se perfila con inmediatez y dignidad la biografía propia de la voz. Le sigue Perfil de un antiguo lugar, vinculación poética del término Intrahistoria del maestro Unamuno con la reconfiguración de un lugar posible. Todo un acto hiperbólico de creación.

Somos es texto que exalta sin romanticismo el Verbo, sí, en alusión al inicio del evangelio poemático de Juan, " y mientras hace su insigne laborar / la vida engendra el habla que lo expresa / y ese lenguaje no perece / ni se pudre ni envejece". Abrazar es poema breve hecho árbol de fronda generosa y utópica, savia y tablas donde pese a las astillas se sienta la vejez. Por lo que la miniatura al pie canta el embarazo en la voz de un angel invisible: "es que no es evidente la savia que me nutre?" Esos amigos de uno, constituye una elegía muy sentida y dolorosa a Manuel Caballero, pues si bien se sabe que no se puede morir la muerte del otro, los espasmos son pánico atávico y muy personal. 

Letreros en la pared tapizan la cueva de Platón, la suya y la mía: optamos por la sugerencia afectiva en el buen vivir para morir con placidez, lo cual nos retrotrae el ensayo magnífico de Montaigne quien alternó la lectura de los clásicos con las enseñanzas del campesinado y la paisajística bucólica. Oigamos una del poeta lector y viajero: "Conéctate con Job. No te despegues de Job sin entenderlo". El poema al pie  nos habla de María como fluencia de Jesucristo ignorada por misoginia farisaica, pero de una realidad intuida e inobjetable. Lo de adentro y todo ese asunto, vindica la memoria al final del día bajo el amparo de la soledad que suena en el piano de Duke Ellington: " Todo eso que un día nos servirá / para que la muerte sea un borrón milagroso como el nacimiento ". El texto que descansa a los pies pinta la Semana Santa como un fauvista o un Bárbaro Rivas, la virgen Dolorosa cambimbeando en la procesión es mujer en la completación de su proceso de liberación, la Piedad esculpida por Bernini y Miguel Ángel supone el dolor que precede al Domingo de Resurrección.

Educación nos presenta una micro biografía de Aristóteles ingeniosa y no exenta de un sentido irónico del humor. En el rodapié se juega con la bisexualidad del poeta Shakespeare, " En fin: todos amamos a Shakespeare de distintas maneras ". No entenderás la esencia te hala las orejas y las patillas, pues nos alecciona y advierte que el milagro de la vida se realiza en y es el habla, " lo más cercano a las hormonas de Dios es la lengua ". Ellas dos, que jamás se vieron desarrolla una biografía paralela conmovedora, se sincronizan en el acto poético de ser mujer Virginia Wolff y Christina Georgina Rossetti: " El ángel Christina y el ángel Virginia vuelan por ahí / tropezando conciencias cual moscas anhelantes / que buscan estas carnes recalentadas en verano ". 

De tiempo en tiempo... Si me dices la hora, astilla tiempo y espacio en una enumeración deliciosa: Carpe Diem, vejez, el binomio bilingüe nostalgia / saudade y oralidad entre cruda y dulce que te pillan entre primera y segunda conversando a ras de la hierba del parque y el camposanto con los caracoles al sol. El caso de Jesús, transfiguración crística en poesía, nos expone en la cruz que " el vapor humano de la culpa" no se vale, puesto que es hedor impuesto que soportamos bajo el poder fáctico que usurpa a Dios entre la Shoah y la Nakba. Salva la poesía elemental de la vida: "He ahí mi propia misa para el poeta más popular: / han pasado veinte siglos / y millones de personas siguen recitando el Padrenuestro".

Mermelada casera me hermana con el poeta José Pulido en lo que nos diferencia y complementa en la vida y la escritura. La evocación de la Casa con el olor y el gusto en Eros gástrico. La mermelada casera es rito y sustancia iniciáticos como el peyote aliado de Don Juan o, también, las lentejas guisadas de mamá Augusta por las que vendí la primogenitura a mis dos hermanos (el del medio se fue en junio pasado y el menor vive todavía vistiendo y reparando santos de la época colonial). No hay mejor concilio que el diálogo sin mediación del poder que nos reseca. Por eso el poeta y el reseñista se contristan y reocijan entonando esa samba triste e inigualable de Cartola Eu precisome encontrar. Hemos salido bien librados por fortuna.

domingo, 2 de enero de 2022

De la literatura de Aragua

 


NOTAS PROVISIONALES SOBRE LA LITERATURA ARAGÜEÑA

José Carlos De Nóbrega

Bajo esta hora en ruinas / la poesía es un bisturí. Aly Pérez. 

1.- Efrén Barazarte (Maracay, 1964). “Canto del Bosque” (1999) es el primer poemario de este escritor y docente universitario. Atento lector de la poesía venezolana, nos propone un diálogo paisajístico enclavado en su ciudad natal que funde una añoranza por lo rural y la mística disconformidad con el caos urbanístico. Los cincuenta poemas de este conjunto simulan una colectiva fotográfica y pictórica que se aproxima, museografía descoyuntada mediante, a la reconstrucción y conciliación de ambos paisajes: “Como en una inspiración neorromántica, / Andrés Bello / desde la ventanilla, es salvado por un árbol de / autopista / que mira y escucha en lo lejano”. La consideración del Bosque como ámbito salvífico posible, no sólo implica una lectura vivaz de la infancia sino también de otras voces como las de Teófilo Tortolero y Miguel Ramón Utrera [alusivas al patio sacro], además de la de Fray Luis de León [poeta traductor de Salomón y el libro de Job] que lo acompañan. El panteísmo de su Decir, poético pero ajeno al ritual religioso convencional, trae consigo caminos expresivos eclécticos como la estampa que cita a Van Gogh [“El vuelo desde los pasillos: / el reflejo amarillo en lo lejano”]; la reelaboración de la oración cristológica [“Amén de los cantos de las plazoletas / hasta el día de la venida del árbol de las antiguas ramas / Amén”]; o la lírica que pareciera remedar una canción políticamente incorrecta de The Clash [“Llega la mañana / cuando el sol orilla en la barca, / y algún funcionario / abre la puerta rápidamente / y atiende monótono el teléfono”]. La Paradoja, patente tanto en la Poesía del mundo como en las parábolas y milagros de Cristo, toca este libro y el corazón lector para sacudirnos el sopor de los sentidos. De manera que se vislumbre el Bosque anidado en cada quien y salten sus nervaduras verdes del basurero, pues la fronda es dibujada eidéticamente por los postes eléctricos como en un negativo fotográfico.

 2.- José Pulido (Villa de Cura, 1945). “Los Mágicos” (1999) es la tercera novela de este escritor y periodista radicado en Caracas. Por cierto, si bien este texto forma parte de nuestro elástico y non sancto Canon nacional, nos llamó la atención que su acepción en el Diccionario de Literatura Venezolana (2013) coordinado por Víctor Bravo no le hiciera justicia: se limitó a la pereza de plagiar la nota de contratapa de la edición de Monte Ávila. La novela constituye una red transgenérica que integra la picaresca amarga de la decadencia finisecular de la República Petrolera, la novela negra y el reportaje de ficción como variante del Nuevo Periodismo. El éxodo físico, onírico e interior de Bernardo no sólo tiene como fondo la agreste sierra paradisíaca, el purgatorio de Villa de Cura y la infernal Caracas en un intervalo de cuarenta años; sino la cortina misma de la voz narrativa omnisciente que se quiebra desde la candidez del coplero conuquero, resbalando en la desconfianza del cronista regional, hasta la aspereza del reportero de sucesos o, mejor aún, la dura palabra de novelistas como Hammett, Spillane o Chandler. Entonces, el canto de ordeño, con la gaita gallega/guaracha de Billo, deviene en un narcocorrido a contramarcha. 

     En este caso, Bernardo [el camporuso desarraigado] encuentra su Alter Ego en Francisco [el jugador impenitente y el contratista de sicarios con sus crímenes a granel]. El caldo nutricio de la oralidad campesina, aldeana en transición citadina o transacción con la urbe, además del sazón malandro periférico, le permite a Pulido configurar una Metáfora de País que se ancla en el trípode impune del despropósito político e ideológico, la ludopatía [¿se acuerdan de José Ubert, el estafador de “Mene” de Díaz Sánchez?] y el asesinato promovido por hampones cartelizados y estadistas de pocas pulgas. La descomposición ética y ontológica de los personajes como Bernardo, Juana Martina, Kike y Eloísa, si bien de connotación hiperrealista y apocalíptica, se puede emparentar con la de la dupla Juan Preciado / Pedro Páramo, la que reportan Garmendia con Pedro Martán o Mariño Palacio y su atribulado Abigail Pulgar. No se trata entonces de reincidir en la dramaturgia griega clásica ni en la de Rodolfo Santana, sino de acometer la consideración frontal y crítica de un modelo civilizatorio que ha dispensado anti-desarrollo desde la Cosiata, embrión parricida de la república. “El diablo sobrevive incrustado en las exageraciones”, nos sugiere el epígrafe de una glosa que trice este desencanto y lo convierta en ímpetu de la conciencia propia proclive al cambio estructural, cultural y espiritual de la nación. La orfandad latinoamericana no puede conformarse con el llanto desconsolado, ni con sublimar el complejo de Edipo, mucho menos con el resentimiento criminal, para que nada se transforme en el desmadre de la Historia, no en balde sus chispazos revoltosos.

3.- Ingrid Chicote (Caracas, 1965). “Caída libre” (2014) toma la afortunada figura de un Pentateuco poético que nos ha deparado sumo contentamiento. Si bien no es oriunda de Aragua [está residenciada en Villa de Cura], ha desarrollado en ese estado su obra literaria, docente y de promoción cultural. “Águilas o saltamontes” (1999) es un primer eslabón que nos remite al haikú y a la fluencia de la literatura Zen que excede lo referencial: No subyace afortunadamente una filiación exótica ni un pretexto culterano, por el contrario, el lúdico afán lector destila la consolidación de una voz lírica muy personal. Se aproxima a lo que denominó Michael Hamburger la Nueva Austeridad, colindando con el Pessoa y sus heterónimos sin necesidad de utilizar este recurso directamente, además de su guiño cómplice y travieso con la antipoesía de Juan Calzadilla y Nicanor Parra que es Poesía del Decir. Nos referimos específicamente a una Poética de la Legión o Confederación de Almas [Tabucchi dixit], que procura la unidad en la dispersión de voces diversas y disímiles: “Mi vida externa habla por sí misma. / Dentro de mí / las almas que me habitan exigen mayor movilidad / hacia donde se desarrolla el misterio”. De allí que la fe auténtica en la poesía o la apuesta fuerte por la vida, sólo sea factible en el territorio extremo de las contradicciones. No en la planicie engañosa de los Paraísos artificiales del prestigio estético, ideológico o de ultratumba [la posteridad]. La esperanza fluctúa entre la filosofía y la poesía del vivir sin la mediación del Poder vertical: “¿Perplejidad? Rara palabra cuando la unimos / al yo de los sentimientos. Definir es el lado lógico. / Todos tratamos de explicar los espasmos de la existencia. / Sólo el fluir nos acerca a la verdad”. El hermosísimo poema XXII sí nos trae la tensión emotiva del corazón independiente y lindo de Amália Rodrigues:

“He invertido el tiempo en aprender, en educar mi temperamento, / en comportarme correctamente, en equilibrar la desesperanza dándole cabida a la serenidad que me ofrece la metamorfosis”. Ambas se celebran en esa extraña forma de vida que se debate entre el deseo y los diques internos inducidos que se suman a un entorno exterior poco propicio.

     “Los lebrunos del alba” (2005), más allá del sugestivo título, recrea esa sensación tierna, orgásmica y aterrada que es vomitar conejitos sobrenaturales. El vitalismo perfuma el desorden del concierto abigarrado de la Legión, oliendo su medianoche a cuarteto de jazz [Monk, Mingus, Parker y Tony Williams]: “¿qué le pasa a mi corazón / que está perdido dentro del cuerpo? // viajo en el río de Heráclito / y jamás volveré a ver / la luna / a los quince años”. La voz anarco-escéptica reivindica un feminismo auténtico desde su precariedad existencial y estética, su fortaleza de vida y las expectativas que penden de un hilo susceptible al deshilachado sobre la fosa. Nos conmueve y perturba el inventario del poema XII en el ejercicio difícil que es la enumeración, la cual cierra en la humorada más punzante: “en fin / para qué sirve un inventario / si por último / las posesiones que tengo / no sirven de garantía / ni para préstamo personal”; o el texto XVIII que partiendo de Groucho Marx atiza la flama extremista con que se pretende purificar al mundo: “sí / no puedo avanzar / es que no puedo avanzar / ausente de convicción”. Poética del Vaivén, en la que la destemplanza riñe con conversiones que suenen a traición desencaminada.

     “Códigos” y “Manglares y Asfalto”, ambos poemarios de 2006, recogen textos breves que desarrollan las categorías implícitas en los títulos, como si fueran osadas acepciones a contracorriente de un Diccionario personal concebido en la herejía. Se reedita la preeminencia de la contingencia y el pendular de la contradicción. Involucra la dialéctica objetual, meta-poética, de los sentimientos astillados o el paisaje interiorizado. Por ejemplo, “Ternura” desconfigura las convenciones provistas por el hogar disfuncional y la industria cultural: “Canciones de tontos / versiones de crédulos / mientras el viento / es quien te besa / cada mañana”. “Autonomía” destornilla los embustes de la sociedad civil ensimismada por el aparataje del mercado y el orden establecido: “Caída libre / espacio // Prometo no tropezar / ni hundirme / de expectativas”. “Independencia” entraña al punto la perdición y la recuperación del Edén en tanto mito fundacional: “Cuestión de creencias // Todos somos esclavos / de alguna forma / de la vida”. “Uqbar” no fracasa en una cita repetitiva, naif y presuntuosa a Jorge Luis Borges, supone y forja una paisajística imaginaria y apóstata en la que se afinca la personalidad misma de la voz, por demás irreverente y provocadora: “Hacinado en la duda / retrocede / antes de ser culpable / de muerte accidental”.

     “Salvajadas y Máscaras” (2010) cierra el volumen con un sentido opuesto a lo litúrgico, de donde la imaginería estampa miniaturas fauvistas que repotencian el paisaje interiorizado. Poética inclemente del cuerpo y los sentidos en el teatro cruel del conflicto consigo y para sí: “Supongo la paz / como cualquier mariposa / que se diluye en la lluvia / mientras dentro del pecho / se atropellan las señales / que indagan nuevos trotes / en el vacío de las emboscadas”. ¿El autorretrato nos miente para sacudirnos lo ilusorio y lo fútil?

4.- Aly Pérez (Villa de Cura, 1955-2005). “SAGRADO límite del silencio” (2012) reúne la obra poética de este gran escritor y artista plástico. Glosaremos tres de sus episodios líricos: “Salmos de Vigilia” (1995), “Pasión según la Casa” (1991) y “Nochevieja” (2002). En lo personal, apreciamos su trato afable y generoso, amén de envidiar sus extraordinarias guayaberas étnicas hechas a la medida. Los Salmos de David plenos de religiosidad y peripatéticos giros muy humanos, son versionados y reescritos por una voz poética que no rehúye la angustia de las influencias mediatizadas por el Canon Occidental. Por ejemplo, “Salmo sobre un poema de Salvador Espriu” es una revisión triple del género que parte del rey judío y se centra en el poeta catalán para la composición de un poema propio: “Uniéndonos a una oración / de hojarascas salvajes / que recorren esta culta e inculta / feliz e infeliz pedazo de provincia”. Tenemos el trazo que retrotrae las cafeteras azules de Alejandro Otero o el cariñoso y lúbrico salmo de las caminadoras: “Hiérrennos las ancas / que somos yeguas desbocadas // Por los inquietantes / lamederos del asfalto anochecido”. El de los gallos, en cambio, denuncia con estrépito tanto a David y las veleidades de su poder terrenal y fáctico, como a Pedro enculillado negando al Rabí: “Atraviesan / umbrales de vigilia / hasta enloquecer / con cantos furiosos / a un nuevo traidor”.

     “La Pasión de la Casa” representa un boceto que va en pos de una Poética del Espacio que involucra la edificación fundada en la infancia, el cuerpo del goce y el padecimiento, amén de la geografía lírica, fundacional y humanística de su Villa de San Luis Rey de Cura. En esta oportunidad, el exilio, la memoria y el memoriante son elementos recurrentes en el discurso poético de Aly, bien acompañado y apuntalado por los brillantes ensayos de  José Solanes. La poesía breve de este par de salidas ya referidas, anticipa los largos textos celebratorios y elegíacos de “Nochevieja”. El puente fluye sin dificultad: Establece una conversa de paisajes con Cavafis y Homero; desdibuja a Villa de Cura y Maracay con el apoyo de Monet y Turner; o reincide en el Salmo II, parodia profética sin concesiones que increpa al Rey David y su mano homicida y adúltera que apuñaló a Urías. 

     “Nochevieja” se nos antoja una sirga milagrosa e imprescindible que ata a nuestra bahía desvalida su barco contentivo de todos los lugares del mundo. Son imperdibles tres grandes poemas: “Anotaciones para una fisiología del cuerpo y la casa”, diálogo de coexistencia con la enfermedad degenerativa y la muerte por venir que apareja [“Acaricio sus capas de pintura / arañadas por quejidos que como mi piel / se hace una cicatriz más de su estructura”]; “Nochevieja”, corte de cuenta y balance conmovedor pleno de interrogantes dramáticas que recriminan y enumeran las aristas ineludibles de la soledad [“La ceremonia de este vino / nos arrastra hacia / el filtro negro de un embudo”]; y “Desalojo de las palomas de calicanto”, texto bisagra que por vía de la ornitología lírica y objetual trueca el bestiario real por uno imaginario, ello incrustando sus picos en una paisajística pictórica de a pie [“Son unas desterradas de Calicanto, / de la Plaza Girardot / de los pasillos de los ancianatos / del amanecer en plena tarde / del cielo negro que divide a la noche / hacia otra historia repetida”]. Aly, como el tango de Julio Sosa, ¡tú, canto irrepetible que se queda así!      En la Valencia que no se desvincula de Aragua, lunes 5 de septiembre de 2016.