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domingo, 23 de enero de 2022

El Confesionario Egotista de Silvia Buenafuente (y 2)

 

Los poetas Linda López y José Miguel Navas

El Confesionario Egotista de Silvia Buenafuente (y 2)

Reseña a Mamás por Whatsapp de Sol Linares

José Carlos De Nóbrega

"Soy una conjugación de miedos y silencios / que desgastan mis huesos y este espíritu aventurero / que me asalta a cada instante". Linda López: Yo en cinco tiempos.

Silvia Buenafuente trata de refundar sus alrededores como si se tratara del ajuste zigzagueante de un modo de vida religioso. Al casarse tenemos el fetichismo electrodoméstico y de línea blanca revuelto con sus ínfulas culturales, claro está, que exceden afán de figuración y reconocimiento social. Es súper Yo en cuestionamiento incesante. El divorcio conlleva una pelea a dentelladas con el lenguaje propio por consolidar en la banalidad mediática y de las redes sociales. La incomunicación electrónica nos retrotrae a Ionesco, Jarry y Beckett diluidos en la mar artificiosa de la pantalla de cristal líquido. Asimismo la candidez envenenada del Don Camilo de Guareschi. "Google debería llamarse Godgle. Al final es como hablar con God". En este caso, no se trata de colocar los caballos delante de la carreta, sino de montarlos pasajeros tirados por la confederación de Almas que agobia a la protagonista. Al igual que Silvia, algunos nos hemos encontrado y extraviado en el Laberinto de Whatsapp. Desde un sonetista compulsivo que perdió a su Beatriz reencontrando a Gea para mayor gloria de Dios trino liberador, hasta una poeta Linda del verde Yaracuy que arrulla a sus hijos con el Gloria al Bravo Pueblo y Asturias, el poema de Pedro Garfias, tal como se lo cantaba su papá carnicero. Más allá de ubicarse Silvia Buenafuente en la Generación Millenial que boga su desconcierto amoroso entre gifs, stickers, memes y emoticones, su terquedad narrativa recrea la metáfora esencial de la Torre de Babel de guisa irónica y descreída: " Mi Whatsapp es una vulgar conserjería. Cada chat es un nivel de un edificio donde viven las personas que amo y desprecio". O también se asimila al Arca de Noé que vuelve a estrellarse en el monte Ararat: María Migaja la transexual, Sujin Contramaestre la atractiva mujer rapada y amazona, Lorenzo Casal el poeta gay tarotista, el novio José mulato con quien no puede vincularse, Fanny la sinófoba o el funcionariado del Departamento de Planificación donde sobrevive a duras penas nuestra poeta ingeniero. 

Hay ecos de María Calcaño, cuando en Mamás por Whatsapp se desatan la lengua y corporeidad eróticas encendidas y luego se edifica poética de maternidad dulce entre espinas. El hastío del siglo XXI, acentuado con la Pandemia, la Cuarentena y la Parca vestida para la ocasión, es el marco nutricio y propicio para el aprendizaje definitivo de Silvia como mujer que se refunda Matria y terredad posibles. La Hija es la llave de su redención en Amor liberador que va más allá del bien y del mal. "Creciste. Te temí. Yo volví a ser una niña". El cordón umbilical da paso al acto vitalista y lírico del amamantamiento: " Hueles eso como azahar, como a cosquillas a flores? Eran mis tetas, mi leche sabía a flores blancas del Tibet". Más adelante, el destetamiento constituye un paso libertario y afirmativo que las vincula y repele en un estado de gracia único: "La nena soltó la teta, aburrió la leche. Amé su primera traición hacia la libertad". 

Por supuesto, el resquebrajamiento del núcleo familiar o colmena ebria, va en sincronía con el desahucio de la utopía de la República petrolera con su desarrollismo faraónico y despropósito real, político, socioeconómico y cultural del proyecto país. La inmovilización en el vértigo puertas adentro y afuera no es más que abismo de incomunicación en el mundo fallido de los satisfechos y los parias. El devenir histórico no es tránsito ni transición sino mutación viral Arcadia- Distopía-Incertidumbre. "El Estado, un Cancerbero adicto al crac". No sigamos echándole la culpa a Platón de la marginación de la Poesía y la Imaginación en su República perfecta e idealista. Se trata de la crisis estructural de la civilización misma, focalizada en una Venezuela que de ensoñación piadosa pasó a ser patria pobre acosada desde adentro y desde afuera: "Que forrajeo sobre la crisis venezolana como una abeja que encuentra polen, néctar y dicha (...) La literatura es el perfecto muro de los lamentos". Los capítulos son esbozos divergentes de libros proyectados empero no completados. Balbuceos, emociones encontradas, lloro y traqueteo de la dentadura. La disfuncionalidad familiar emula la del momento histórico. La hipérbole del discurso y el habla apunta a la bipolaridad de la Casa y el País.

La coyuntura se mueve entre el terror, el escepticismo y el candor al que nos mueve la Pandemia Covid-19. El Medioevo, el Apocalipsis en la fase de Armagedón entre tres Imperios, el Bestiario radioactivo de gatos mutantes y camada cachorra hecha polvo por el Parvovirus. Sólo hay una opción para Silvia, luego de tanto fracaso acumulado, toparse con su Hija y las complicaciones subversivas del Amor entre ambas. " Que todo se puede aprender en Youtube, menos a vivir, a coser los puentes rotos (...) Esa noche duermo contigo. Arropo tu desintegración". De manera que el capitulo 248, Instrucciones a mi hija por si muero, se nos antoja colofón abierto y a la vez Poema en Prosa proverbial, humanista y objetual cotidiano con que Silvia y su Hija, carne de su carne, sangre de su sangre, se preserven del Frío insoportable de este mundo en proceso de cambio, bien custodiadas las metamorfosis por la escritura díscola y entusiasta de nuestra Sol Linares.




El Confesionario Egotista de Silvia Buenafuente (1)

 


El Confesionario Egotista de Silvia Buenafuente (1)


José Carlos De Nóbrega

No se cuántos grados de separación aproximan a Joaquín Maria Machado de Assis y a mi bien amada Sol Linares. Sus muy extrañas formas de novelar y contar en libros tan maravillosos y seductores, me llevan a enhebrar un puente que no pocos me tacharán de rebuscado, exagerado y traído por los cabellos en el amor intenso y gustoso que le rindo como lector y amigo a Sol. Cuando leí del mulato Machado El Alienista, llevaba puesta la condición de paciente psiquiátrico en el consultorio lúdico de la Sol en La Silla cruza las Piernas. Media seguramente entre ambos el cinismo de Ambrose Bierce, la agudeza y el ángel de Susan Sontag, el erotismo de Anais Nin e incluso la poética subjetivista y preciosa de Clarice Lispector pintada en presente continuo por de Chirico, amén de ser la mujer de fuego rescatando sus manuscritos. Vean que este reseñista compulsivo argumenta con rigor y claridad desde este enamoramiento solar inquebrantable. La novela más reciente de Sol Linares, Mamás por Whatsapp (LP5 Editora, 2021), se estructura causalmente en capítulos cortos y resbaladizos al igual que Las Memorias de Bras Cubas de Machado de Assis, cada quien y cada cual a por la suya. No en balde, Sontag observa y me apuntala mi impresión cuando al hablar del brasilero como un adelantado a su tiempo, dice respecto a una narradora excéntrica posible: "una mujer con el mismo grado de agudeza mental e independencia emocional sería tenida simplemente por un monstruo". Y existen dos casos de mi preferencia, Clarice y recién Sol.

Sólo una gran narradora egotista latinoamericana como Sol Linares, puede edificar el egotismo entrañable de Silvia Buenafuente en estas cuitas de primer cuarto del siglo XXI. Y lo digo a la luz de mi revisita reciente a egotistas venezolanos como Pocaterra, Rufino Blanco Fombona y Rafael de Nogales Méndez para levantar mi ánimo en solitaria pandemia. Sol lo hizo conmigo sin la Rotunda, ni las aventuras en el Amazonas a tiro limpio contra la satrapía del caucho, mucho menos en el frente turco de la Primera Guerra Mundial. Silvia es heroína en su peripatética búsqueda de autoafirmación en este mundo entre medieval y supra tecnológico. Nos movió y conmovió la oralidad descarnada de la actante y voz protagónicas. Ello a la par y en el desnivel de la franqueza que balbucea su verdad extrema, hasta cuando nos miente mintiéndose a sí misma. Ese tono Stand Up Comedy se hace sátira sobre las gripes o pestes mal curadas de ser mujer. Lo cual trae consigo una épica desmitologizada en la cotidianidad, teniendo como contexto la Pandemia Covid-19 y la revisita de la Guerra Fría de cerveza tibia entre tres. 

El humor es, pues, compasivo y corrosivo al punto. Hace pedazos no sólo las cómodas camisas de fuerza ideológicas y estéticas con que nos pretenden aprisionar los poderes fácticos y equívocos, sino las culpabilidades inducidas por la sociedad ciega y cómplice y, peor todavía post-divorcio de Silvia, por sí y consigo misma. Se despliega impune la Legión de voces de nuestra antiheroína. Esta polifonía de hembra fauvista se realiza en el espíritu transgenérico del discurso. De poema afín a las lamentaciones y giros eróticos y lúbricos, hasta el demonio de la prosa por vía de aforismos, letanías e iluministas confesiones de amor místico y profundo. El canibalismo de las relaciones de poder disfuncional en familia, estalla eucaristía equívoca empero transpirando la pasión que nos sostiene en pie animales ávidos de afecto y resurrección.

No hay cosa que la lengua inquisitiva de Silvia no intente. Se parodia a sí misma en tanto paradoja resistente y agonística. A veces Dada, otras surrealista y Beatnik. Se nos antoja esta maravillosa mujer, más allá del soporte en papel bond o pdf comprimido, una adolescente eterna tratando de completar su proceso de formación o iniciación. La comedia corporal de nuestra protagonista implica su único embarazo, el alumbramiento entre el ruido y la transfiguración en el Otro, la Hija, a su imagen, semejanza y disimilitud. Todo un verdadero acto de creación en el contexto del Apocalipsis que les toca compartir y padecer a ambas. Hay la inevitable transfiguración ficcional de la sagrada familia a contracorriente de las convenciones del entorno reseco: "Con los años, mi hija será un Cristo roto. Tu padre un José emponzoñado. Yo una María apedreada por dentro". Aforismo y profecía que vía divorcio parte la familia bipolarmente. Por desgracia, el psiquiatra resulta ser un fariseo lapidario oculto tras una precaria ciencia. Silvia, negada su condición de madre en la contratransferencia, castra a su opresor de turno regodeándose en el suicidio de esta esquizoide voz autorizada.