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viernes, 7 de mayo de 2021

Pink Floyd: The Wall 2021. Jose Carlos De Nobrega


 Esta gran obra conceptual de Pink Floyd no sólo comprendió la propuesta musical como tal de 1979, sino también la cinematográfica dirigida por Alan Parker a principios de la década de los 80. En la historia del rock sinfónico, hard o metal no es extraño tal discurso transgenérico, pues tenemos por ejemplo la Ópera rock "Tommy" y el film "Quadrophenia" vinculados al grupo británico The Who y llevados al cine por Ken Russell. En 1974, Peter Gabriel y Genesis presentaron "The lamb lies down on Broadway", álbum doble conceptual cuyo drama, el del protagonista puertorriqueño y paria Rael, se ambienta en Nueva York. Lamentablemente, Gabriel no pudo completar la película derivada de tan ambiciosa obra musical, lo cual supuso su separación definitiva de la banda. Es causal, pues, que este músico se asociara con el director Parker en 1985 para llevar a cabo el filme "Birdy" y luego con Martín Scorsese en "La última tentación de Cristo" de 1993.

Evidentemente, Pink Floyd tenía ya experiencia en proyectos de esta índole. Citemos "Animals" y, por supuesto, "The dark side of the moon". Sobre todo este último hito de 1973 que marcaría el primer punto de inflexión de la agrupación: La baja por enfermedad mental de Syd Barret, referente esencial en el sonido psicodélico de la primera república del grupo inglés. El siguiente momento sería la década dominada por el bajista Roger Waters hasta este disco doble levantador y destructor del muro como metáfora neurálgica del siglo XX.


La película y antes el doble acetato me marcarían muy joven, recién adquirida la mayoría de edad en 1982. Creo que vi la película siete veces en la semana de su estreno en Valencia. Sólo me superarían Daniel y Sergio Siugza, amigos míos de esa época. Sergio era mi mejor proveedor de discos y cassettes en la discotienda Billboard del CC Avenida Bolívar. Le buscaba coincidencias forzadas entre la vida de Pink, el protagonista de The Wall, y mi propia biografía. No era niño durante la guerra, pero sí quedé sin papá José treinta años después en la Caracas de la renta petrolera. Fui un joven desgarbado hijo de portugueses que no quería ser comerciante. No fui astro del rock, sino escritor a partir de los 28 años. Ello pese a comprar nuestra propia batería con los hermanos Camarán en Naguanagua. Al ser más adultos, mis tambores y platillos, el bajo de Álvaro y la guitarra de José Gregorio se quedarían cogiendo polvo en la casa de ellos,  frustrado nuestro sueño hard rock tipo Ritchie Blackmore's Rainbow o, mejor todavía, rock progresivo a lo Rush.

Para Pink, la condición de rock Star se le hacía pesada entre la viudez y sobreprotección materna, además de la desilusión ideológica y estética durante la Guerra Fría duelista entre USA y URSS. El pasón estético se desparramaba sobre la desencaminada lista de éxitos Billboard o Melody Maker adosadas a las payolas transnacionales del disco. El rock duro y facha del espectáculo alienante, "Run like hell" o el querer una mujer sucia, dará paso a los temas depresivos antes del dark punk como el piano de "Nobody home", el diálogo patético entre guitarra acústica y violín luego de que Pink destruyera el cuarto de hotel,  o "Confortably numb" con ese par de solos memorables de guitarra de David Gilmour. "Another break in the wall" es un engañoso single promocional que despotrica con ira y motín contra el sistema autoritario escolar en Inglaterra. 

Ingresé en ese tiempo a la Facultad de Educación de la UC. En la asignatura de Pedagogía, expuse sobre la educación bancaria, represiva y burguesa bajo la fluencia de la película de Parker y el disco de acetato comprimido en un cassette. Usé una lamina dibujada por Juan Carlos Fernández, hoy maestro de escuela y caricaturista del diario Ciudad Valencia, en la que un molino convertía a los alumnos en carne de cañón y de embutido, composición alusiva a los dibujos animados ácidos del film. Lamento hoy haberla perdido y no poderla utilizar en este blog a modo de ilustración. Todavía extraño el haber destruido mi primer cuento de río Cabriales y viejos vagabundos, además de mi colección de El Santo el enmascarado de plata.

En este caos de ideas, The Wall fue no sólo el muro en el que Pink y yo nos disgregamos del contexto que nos tocó vivir, sino un pretexto inútil para justificar nuestra adolescencia eterna. El rock Star se dejó despedazar por el juicio de las voces autorizadas de la matriarca viuda, el maestro, la esposa descuidada e infiel y el abyecto juez cara de culo que en un tsunami de miasmas derriba sus muros. Era la década nefasta de Reagan, Margaret Thatcher, el Khemer Rouge de Camboya, el post estalinismo más estalinista de Breshnev y Andropov. Hasta que en 1990, Waters monta y desmonta la pared en el derruido muro de Berlín con un concierto histórico en el supuesto Fin de la Historia de Fukuyama, la escuela de Chicago y la estandarizada Globalización. 

Entretanto, padecí con el rock argentino la desastrosa empresa de Las Malvinas. Los pibes descuartizados por los ghurkas, la marina y la aviación británicas, más la cobardía homicida de los milicos, fueron afrenta lavada sólo un ratico por Maradona en México 1986 con dos goles de placa, el del bribón y el del mago, ambos de factura justiciera poética. En el 90, los helicópteros Black Hawk desaparecieron el barrio El Chorrillo en Panamá y no mejora lo de la peste de narcos, paracos y malos gobiernos en América Latina. Siguen abaleando a Gaitán y Galán en Colombia. Los saqueos de 1989 me pillaron desempleado y separado de mi primera esposa en casa de mamá Augusta. Aún nos quieren meter los corsarios protestantes la globalización de la miseria hoy. 

Este segundo año de Pandemia, cumplo hoy viernes 7 de mayo de 2021, mi primer año de viudo de Yudi, quien andará de lo más contenta en el Paraíso de su gusto, con los suyos que habían arribado un poco antes. Ella y mi gran familia política, consanguínea y de panas me quitaron de las garras mortales de la depresión que heredé intoxicado por The Wall, según la cultura del reguetón y el resto de la música idiota. Sigo escuchando en Soda 95.1 FM la música que me provoca la rebeldía melómana. No sé si ojos selva que no me miran ahora, leerán esto, pero sí los azules, glaucos, pardinegros, negros de hembra brava y todos los maravillados de mujer. Claro los de mis camaradas hombres también obrarán a mi favor. Pero me sostiene escribirles con este Amor Loco que los abraza apretao bien apretao desde esta Cueva de Platón.

lunes, 1 de marzo de 2021

Pink Floyd: The dark side of the moon, 48. Jose Carlos De Nobrega

 

Nos recuerda hoy Meche Hernandez, desde la radio Soda 95.1 FM, que hace cuarenta y ocho años se lanzó al mundo el octavo álbum en estudio de Pink Floyd "El lado oscuro de la luna" (1973), un incunable no sólo del rock sino de la música occidental. Bajo el sello Harvest, la ingeniería de sonido de Alan Parsons y las líricas del bajista Roger Waters, este trabajo discográfico y conceptual nos marcaría como melómanos y artistas, en mi caso de la Palabra. El universo de nuestra sensibilidad fue enriquecido por esta trascendental propuesta en torno al mundo de ese entonces.


Se nos antoja un homenaje de despedida a Syd Barret, ya separado de la banda, quien había iniciado su periplo atribulado hacia la locura. Quizás este músico reemprendería el viaje, estético por supuesto, del barco Nellie hacia el Congo alucinante del Capitán Kurz, acompañado de un relator tan perspicaz como el también Capitán Marlow.  La temática de este proyecto musical (la Avaricia, el sin sentido del mundo de posguerra, el consumismo, la alienación y la esquizofrenia), así lo manifiesta. El rock entre sinfónico y psicodélico, redondea una obra maestra de la música contemporánea, más allá del compartimiento estanco de los géneros de discurso artístico.


Este acetato posee el virtuosismo de Mahler, Bela Bartok, Louis Armstrong, Charly Parker, Miles Davis, "El Juicio" de Colón y Lavoe, "Round midnight" de Theolonius Monk, "Blue Train" de Coltrane, "El sargento Pimienta" de The Beatles o el jazz latino de Tito Rodriguez y de Irakere, todos referentes musicales del siglo XX. 


"Money" es un poema hard rock no desprovisto de ironía. Va paralela en nuestra concepción gelatina del diálogo entre épocas históricas distintas: Waters contrapuntea con la letrilla satírica que Quevedo le dedica a Don Dinero, ese poderoso caballero que se asimila a la más nefasta invención del Hombre. "Brain Damage", simulando una ópera bufa, recrea el discurso discontinuo y fuera de lugar y tiempo convencionales de la enfermedad psicopatológica. "Eclipse" apela a la marcha hiperbólica como descenso al Infierno del antihéroe o paciente psiquiátrico. "Us and Them", en clave de balada jazz y blues, reescribe un salmo embebido de la tensión que va del Génesis al Apocalipsis, en lo que toca al destino incierto del mundo de la Guerra Fría. Mientras que "The great gig in the sky" es un grito de orgasmo magnífico como canto y trompetas afiladas de ángeles y querubines el día del Juicio Final. Es proverbial la voz de Clare Torry y los coros de Doris Troy, Leslie Duncan, Liza Strike y Barry St John. El diseño de la cubierta del LP es de Hipnosis, la misma firma que lo hizo tiempo después con otro clásico del rock conceptual, "The lamb líes down con Broadway" de Génesis y Peter Gabriel. 

lunes, 7 de diciembre de 2020

Musica y Cine en pildoras para soñar. Jose Carlos De Nobrega




1.- En Casino, el film de Martín Scorsese, la canción En la casa del sol naciente de The Animals, con la voz desgarrada de Eric Burdon, acompaña al personaje de Sharon Stone quien tropieza y cae muerta por sobredosis de cocaína en Las Vegas. El cine con imágenes poderosas realiza un cover inquietante de esta mítica pieza del rock and roll salpicada de blues.

2.- En otro cover de antología, en el filme Almost Famous, la canción Tiny Dancer de Elton John va en bus con la banda Stillwater. El precioso tema reúne a sus miembros quienes la cantan en un recodo del trayecto, luego de rescatar a su guitarrista de un viaje en LSD que no lo mató como a Janis Joplin, Jimmy Hendrix o Billie Holliday. Se salvó Russell de chiripa. Cosas de la ficción.

3.- En la película The Full Monty, el cover del tema de Donna Summer se integra a una coreografía de los strippers por venir en la cola de desempleados en la Londres de Margaret Thatcher. Al final, la función de estos antihéroes strippers de belleza asimétrica y proletaria, enloquecen a sus mujeres en el pub con un tema entonado por el avejentado y resucitado Joe Cocker.

4.- En la película Carlitos Way de Bryan de Palma, la balada She is so beautyful de Joe Cocker será cover sazonado por la subida y sublime escena de amor erótico entre Penelope Ann Miller y Al Pacino. Cachonda integración de las artes para solazarnos en el amor que nos gratifica en la oscuridad de la sala de cine.

5.- Pink Floyd The Wall de Alan Parker es un cover de un disco doble entero. Sólo se le podía ocurrir al afán conceptual de esta banda de nuestros amores. Será posible que a algún director se le ocurra llevar al cine el cover de The Lamb lies down on Broadway de Génesis y Peter Gabriel? Este es un sueño que deseamos todavía llevar a cabo.

6.- En Billy Eliot, la película del niño que de boxeador pasa a bailarín de la Royal Company of Ballet, el tema London Calling de The Clash es versionado en una escena de batalla entre huelguistas y la policía en tiempos de Margaret Thatcher. Coreografía política admirable.

7.- Resulta inolvidable el cover de un tema de Cartola, un sambista sobrenatural y popular, en la película Ciudad de Dios de Fernando Meirelles.  Pudimos conocer a Cartola cantando la desesperanza durante el asesinato de ese malandro en la rúa principal de la Favela de Río desplegado el sol muy catire sobre el infortunado. El tema es Preciso me encontrar. A delincuente encontrado, rey depuesto como fiambre más de la maquinaria de la violencia urbana.

Y tú, que cover en el cine te ha tocado el alma melómana? Mientras la memoria hurga sus archivos, nos imaginamos el Caracazo fotografiado por Frasso y acompañado de una balada de Demis Roussos con Los Hijos de Afrodita (el de Chalbaud fracasó de cabo a rabo con el insípido actorzuelo Fernando Carrillo cantando al final no sé qué tonada idiota).

Estos comentarios no terminan aquí.

PS: Una ñapa, en el filme El Ansia de Tony Scott, una composición clásica de Debussy es recreada en la escena lésbica entre la maestra vampira Cathetine Deneuve y su discípula Susan Sarandon. Se nos revolvió la libido y el amor erótico del vouyeur convocado en el cine. No se me achicopalen en el pudor ni en el moralismo victoriano, si varios caballeros han visto escenas porno entre lesbianas excitándose su espíritu machista, no les parece que Catherine y Susan incitan al ardor erótico y estético? Caramba!

PS 2: No se sorprendan que nuestro viejo amigo Joe Cocker aparezca aquí con dos canciones versionadas por el cine. Él mismo es el rey de los covers. Quién no recuerda los covers de temas de Ray Charles, Unchain my heart, o el de los Beatles de Sargento Pimienta con With a little help from my friends? Qué decir del temazo en vivo embutido en 45 rpm titulado La Carta, The Letter? Honor a quien Dios bendijo con ese vozarrón.