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lunes, 27 de junio de 2022

Domus Aurea. Jose Carlos De Nobrega

 Domus Áurea


A Marichina García Herrero

Toda Casa Áurea despierta emociones encontradas.
El Templo que erigió Salomón, no su padre David,
Movió la ambición abyecta del Imperio Romano.
Tito destruyó Jerusalén pero no halló el Arca de la Alianza

Ni tampoco todo el oro del Dios de los judíos.
Los Caballeros turcos, según cuenta de Nogales Méndez,
Fallaron la búsqueda del Arca en el Monte Ararat
Sin que les sirviera de nada el martirio armenio.

Siglos antes, siglos después, valga el tiempo elíptico,
Los Belzares extraviaron el camino de El Dorado
En ejercicio autodestructivo de canibalismo insólito.

El oro, para estas manos escritoras, no es ladrillo amarillo
Ni óleo negro pestilente. Qué va! Más bien selva niña candorosa
Que viste otro cielo celeste que me redime en adolescencia eterna.



jueves, 31 de marzo de 2022

Cantar de los Cantares entre Doña Gea y su Rey Ciclope. Jose Carlos De Nobrega

 Cantar de los Cantares entre Doña Gea y su Rey Cíclope 1

José Carlos De Nóbrega

Siembra en mi boca, mi señor escritor,
Besos de la tuya, tan pequeña y tierna;
Amor de versos dulces más gustosos
Que el vino verde de la isla de Madeira.

Hazme pasar a tu Cueva compartida
Con el poeta Platón, mi Señor Feudal,
Terrateniente sin tierras, pues me basta
Y me sacia tu terredad de amores compulsivos.

Sigue las huellas de las cabras, amada mía, y anidarás
En mí tus ojos selva que se esconderán en la fronda
Azabache de este samán inmemorial complacido.

Amado mío, eres comedia gratificante y tremor de amor.
Nuestro lecho florece jardín suspendido
Que pende del cielo titilado por el roce enervante de nuestros cuerpos.

2
Yo, lengua eólica y orquídea que baila en el Valle de Caracas.
Soy viña encarnada y apre(he)ndida por tus dedos firmes y suaves.
Como orquídea entre alambre de púas, así mi Doña Gea,
Desnuda, libre y denodada cruzando brazos y piernas sin soltarme.

Agradezco que tu izquierda acune mi cabeza habitada por ti mi bien!
Enferma de Amor, mi ovejo pintado, me alivias
Cada vez que te muerdo tu pulpa jugosa.
Eché de Nos, amiga mía, a los depredadores de nuestra viña de redes tan cargadas de vid y vida.

Mi señor escritor es mío para mí solita
Y yo para él solito, río Orinoco de caudal soberbio
Al que le permito empoderarse de mi viña desnuda, florida y agradecida.

Convertido en macho cabrío teísta,
Come y bebe de mí, salivando rocío
Que emparame todo mi poema de carne, miel y leche al Alba.

3
Saben ustedes el paradero del que ama mi Alma?
Busqué a mi oveja dálmata en el pesebre
Que dispusimos para los dos en nuestras ensoñaciones,
Fiestas de guardar y noches de desvelo gozosas,
Pero se me extravió en mi bosque exiliado.

Cantan coro de gatos y gaviotas que recogí orfandad de la calle durísima:
Quién es ésta, muy señora poeta, a quien Elías emprestó su carro de Fuego?
Huele al perfume mixto con el que la Magdalena
Llovió de amor desbocado y sin desperdicio al Cristo hijo del hombre excitando su carne y su alma.

Maullido y gorjeo mediantes, Doña Gea espera y desespera
Por recorrer la bahía inhóspita y bochinchera
Hasta montar en su taxi a su ovejo bien amado descarriado.

Ojalá las hijas de Sión, tan caminadoras y parlanchinas, 
Sepan y no se guarden el paradero del cordero 
Que le hace mucha agua a su boca.

4
Ayayay, mi Doña Gea, qué lindura superlativa la tuya!
Tus ojos selva cambian de matices y melodías
Enmarañados en tu cabellera castaña
Que también guarda para mí tus senos nutricios tan bien torneados.

Tus dientes me muerden suavemente
En manada recién bañadita y palo rosa.
Eres Diosa impenitente y caníbal
De boca roja y lengua de poeta que hace de las suyas conmigo.

(Tus dos tetas, le plagio traducción y metáfora
Al maestro Fray Luis de León, son ovejas morochas
Y traviesas que abrevan mi río en besos
Que respondo con boca de crío que no quiere destetarse pues nutrieron soles y lunas.)

Colmena de tu boca y terredad de tu piel
En las que naufrago feliz tsunami
Oloroso y rumoroso a acalanto y cantos de cuna en caracol marino.

Acomodo mi cabeza despeinada y alborozada
En tus pechos: No sólo oigo tu corazón batucar,
Sino el pulsar bello de cuerdas en la hospitalidad tuya de gruta y matriz en Ars Poética.



sábado, 19 de febrero de 2022

Poemario a Gea 1


 La tribu saparia de Doña Gea

José Carlos De Nóbrega

Manuel Bandeira tomó de pretexto bestiario
A una grey auriverde de sapos de Sao Paulo,
Para burlarse de los poetas parnasianos y pavosos
De principios del siglo veinte, después de terminada la primera gran guerra.

Cuando estuve en Salamanca, Unamuno tenía su coral anfibia 
De cortina musical áspera y vascuence de sus propios poemas.
Por qué nos asusta su fealdad húmeda en el Jardín de las Delicias?
Doña Gea nos cuenta que no hay Edén sin canto rumoroso de sus sapitos.

Gea niña, dispersa, imaginativa y poeta iniciática
Nos regala en prosa su tribu saparia conducida por Abue Remigio
En el afortunado valle de Caracas que los adoptó terredad dicharachera.

Los sapitos y su cricrido festivo venían con el viejo mago republicano,
Sinfonía inconclusa de exilio enternecido y portátil
En sus bolsillos y los ojos verde asombro de la nieta linda e inquieta.


Cantar lunar de Cantares para Gea
José Carlos De Nóbrega

No es un Domingo de Sol hastiado ni taciturno.
Más bien Carnaval lunar al mediodía que juega con la muñeca Gea,
La maquilla sobrenatural autenticidad de lindura dialógica
En carnadura y espíritu de nobleza sin límites.

Constelación castaña y mar Caribe que solapan luz blanca absoluta
De su piel tersa rematada por sus pechos estampados
De pecas simpáticas y gustosas, semillitas en dulce pulpa rosada
Que encrespan papilas en aguas caudalosas de mi lengua portuñol.

La luna de Abril obnubila atrabiliario febrero panderero
Fotografiando a su muñeca madre en vínculo solar
De su cabellera lacia con el paisaje minimalista de fondo:
Red trinitaria multicolor que se regocija pared donde se recuesta el ensueño.

Y qué creían ustedes, espectadores asombrados 
En esta sesión de pintura al aire libre del exilio lúdico y lírico de Gea?
No se trata de pasarela frívola ni mucho menos hoguera de las vanidades.

La muestra de artes visuales se hace dos veces autoafirmativa: 
Pericia de amor filial del ojo esteta de Abril 
Y hermosura indiscutible de la madre que me mueve poeta enamorado y compulsivo.



2
Veamos qué se traen los ojos cortazarianos de esta luna gata.
Si bien hay en Lisboa Casa de Fados, así como en otros lugares,
En terredad de Gea el Carnaval se llama Abril y también Isabel.
Aby hace de las suyas para convertir el Jardín en Sambódromo.

Le quita a cartolinha o sombrero copa de cartón piedra
Al trovador albañil Cartola a quien se le pinta el pelo de gris concreto.
Gea encabeza el cortejo sambista envuelta en mantilla de luz ovoide.
Las morochas recrean el nacimiento de Venus en la República de Florida.

Empero vestida para tan grata ocasión,
Gea, sintiéndose Afrodita luminosa y desnuda,
Ensaya pensador de Rodin y se cubre sus piernas soberbias y níveas en pose pudorosa y coqueta.

Me erizo ronroneo y sonrisa del Gato de Cheshire
Que se frota en esa geografía suave y reconfortante
Mientras Lewis Carroll, Alicia y las morochas se ríen de la batucada de mi corazón bilingüe.






3
Ahí viene el cortejo, ahí viene el cortejo, 
Redobla Rubén Darío en jam session con Duke Ellington y Charlie Mingus,
Mário de Andrade aplaude palo de lluvia amazónico al paso de castas reinas
Y Tarsila do Amaral pinta gigantes antropófagos engullendo obispos pederastas.

Gea, encaramada en carroza escupiendo dantesco confeti,
Ofrece a la multitud la flor que le obsequió el sombrerero
Intoxicado con el té tibio de la corte victoriana en piquiña por luctuosa caspa.
Trina la gente-pájaro que bulle libertaria en la garganta de Miguel Hernández.

Me toman sus manos jardineras y me acuno en su pecho acolchadito,
Salpicado de estrellas mestizas que juegan con mis bigotes blancos
De gato jabao, celoso y caprichoso en plena contentura.

Se sacuden en espasmos de placer eléctrico
Mis orejas grises cuando oigo a Gea cantarme su poesía densa
En vaivén de cuna que me sume en sueño y encanto perpetuos.



miércoles, 26 de enero de 2022

Doña Gea y el Eden exiliado

 


Doña Gea y el Edén exiliado
José Carlos De Nóbrega

A Marichina García Herrero

Mi muy señora poeta ha escrito un gran poema
Que combate reivindicando la belleza de las cosas
Invisibles a la villanía de hombres mal empoderados.
Dios exilió no sólo a Adán y Eva sino también al Edén saudoso.

Gea sabe que ese Paraíso se halla aquí y ahora
Para recomponerlo Jardín y solaz subvertido
En Amor de ojos selva y matriz cálida de soles y lunas,
Trinitaria pared vegetal que invita a reposarnos

En aguas mansas y amnióticas. Cabellera constelada,
Turgencia de senos, pecas dulces en papilas
Aterciopeladas de su sweater sonrojado.

Soñé que Ella tejía con mis cabellos grasos
Su Jardín de maravillas que nos ata y funde
Un soneto amoroso, obsecado y sólo nuestro.

 2
Mi Gea es hermosura imbatible y creadora.
Sus despistes mueven la censura de gente ciega
Que miran sin ver lo que yo: Su candor y encanto
Afinado, enternecida poesía y avispada crónica

Que me excitan risa sobre bicicleta bautismal
En viaje a campo traviesa sorteando la peste
De humanidad ensimismada en raciocinio avieso.
Don Dinero rechina, pues, sus dientes de morocotas envilecidas.

Ha extraviado sus quevedos de súper mercado
Por lo que no puede leer mi poesía majadera.
Urge cordones viejos para curar sus olvidos.

No importa, mi muy atolondrada y señora poeta,
Tú no me sueltas y Yo a Ti estoy amarrado.
Llevo en los bolsillos tus lentes y las llaves de la Casa que nos habita y suena rumor y cricrido.

 3
Sé mi Gea bien amada y memorial de nuestra sangre
Que deseaste estar conmigo desde el inicio:
La adolescente de 16 esperando a su novio de 23
Con tremor de manos pequeñas abriéndose
Paso en la retícula de tus largos cabellos

Que vestían tus pechos de durazno compacto
Y la paisajística de tu espalda aromada y tersa.
Todo Soto no podría superarte penetrable lluvia
Que calma y enciende mi valle caraqueño alucinado.

Sé que hoy compartimos afán y achaques de poetas:
La carne afloja musculatura, se atenúa la motricidad
Y la dentadura deja espacios en blanco en poemático templo que somos.

Empero, tu mamá pelirroja te busca y también Marian muy vivas,
Pues saben que nos hicimos secuestro express
Amándonos en desnudez renovada de nuestra Casa dorada donde nadie nos ve e importuna.

martes, 23 de noviembre de 2021

Sonetos morochos para Marichina

 Jose Carlos De Nobrega:

Sonetos morochos


3

Hay un sistema solar no tan lejos de donde escribo hoy.

Una estrella mayor que pocos han visto con telescopios y desde miradores de almas,

Se ha provisto más allá del Big Bang y de toda cosmogonía mítica y religiosa,

Una elíptica en la que dos soles y dos lunas amorochados giran vivaces a su alrededor.


A contracorriente del eje retorcido y el despropósito del planeta Tierra

En el que tal portento astronómico sucede al igual que el arte y la dinámica del Amor.

No importa que la Pandemia silenciosa y depravada ni la Peste tenebrosa de la humanidad, nos recluyan en cuarteles y conventos,

Empero su rotación y traslación persisten dialéctica de la elipse y el espiral.


Esa estrella mayor nos alienta desde sus dolores de parto

Y de la metamorfosis de paisajes en asombroso espasmo de Vida,

Recogidos en códices y salmos plenos de terredad y aves del Paraíso que picotean nuestro corazón atribulado


Entre diluvios y sequías como plagas bíblicas

Que nos susurran al oído enfermo profetas de pacotilla.

Para consuelo del mundo, este cielo constelado nos cobija todavía en el más restaurador de los amores.


4

Muchos astrónomos ciegos en su soberbia estéril

Se atribuyen haber descubierto este sistema morocho 

Multiplicado por dos que más bien es terna bendecida que baila alrededor de Gea estrella mayor de la Poesía.

Se olvidaron que Antonio Machado, Miguel Hernández y Marcos Ana la describieron en su imaginario de poetas vivos aún.


Hubo un astrólogo, rey mago sin corona quizás,

Que abandonó sus tratados de astronomía razonable

Para dedicarse a la consagración del otoño que llegó a describirla 

Alguna vez, primero en prosa insomne y luego en poesía de ensueño. Se llamaba Cronos.


No obstante la polución terrestre y el envenenamiento de las aguas,

Gea desafía el desgaste del tiempo cronológico,

Apostando entre cataclismos y vaguadas por un devenir elástico y redimido sólo posible en la poesía de matriz eterna.


Noticias alentadoras, pues, de este cortejo estelar y su estrella rectora:

Los soles gemelos juegan niños en las nieves blanco ostra de Utah

Y las lunas blanquirrojas pintan el mundo con arcoiris que propicia el celo maternal y matinal de Gea.



Dos sonetos para Marichina

 Jose Carlos De Nobrega:

Recomposición de una cartografía posible según Doña Gea


A mi muy señora poeta Marichina García Herrero

A María Ismenia in memoriam


Hay ángeles de la guarda lúcidos

Que han caído ante el silencio de Dios.

No poseen el colorido épico de Gabriel,

Sino que visten de negro o de gris mate.


No los esculpen en mármol áureo de Salamanca,

Si acaso de yeso y madera en anonimato

Que los hace pasar desapercibidos y a la calladita.

Pero a veces anuncian apertura de puertas en un cielo insólito.


A Doña Gea, madre, hermana y poeta, en medio del Caos,

Se le apareció su ángel negro y desaliñado,

Disonancia y ruptura del Canon místico.


Ella dibuja mapa vitalista que la renueva ahorita

Probando apenas el flan y la nube de merengue a la que arrancó una fresa,

Nueva piedra de ángulo que reconvierte la del tropiezo.


2

Y qué hacía entretanto el ángel negro frente a Gea tomando un café cerrero?

Le traía un recado de su hermana poeta como buena nueva de estrella recién descubierta.

Sin abominar melancolía de páramo de Vallejo,

La conminó a escribir la pelea entre un ángel poeta y María Zambrano: "Todo está vivo y unido".


Nos tendrá vivas y unidas, mi Gea, el Decir más claro y riguroso.

No obstante este ángel negro es de la estirpe rebelde

A la que Dios, como quien no quiere la cosa, le permite corregir la villanía del mundo,

Reescribiendo voluntad creadora amorosa a contramano de Historia envilecida.


La poesía se mueve tersa e implacable por arriba y por debajo

De las mareas indómitas que sacuden los mares

Y afinan el pulso de quien maneja el timón de los pies de Cristo patinando las aguas.


Me traerás de vuelta a la Patria de nuestra infancia y juventud,

Cuando tus poemas griten albricias de amor denso e inquebrantable

Como las torres que cantan a Alá en la Marruecos que asombró a Canetti.



martes, 23 de marzo de 2021

Marcos Ana: Decir libertario desde la cana. Jose Carlos De Nobrega

 

Marcos Ana entre dos Marichinas, ambas hijas del exilio republicano

La poeta Marichina García Herrero nos presentó recién a Marcos Ana, una de las voces poéticas contemporáneas más sólidas de España. Este poeta de nombre Fernando Macarro Castillo (Ventosa del Río Almar, Salamanca, 20/1/1920-Madrid, 24-11-2016), fue un muy incómodo prisionero de la dictadura franquista desde 1939 a 1961. Un comunista verdadero que en su obstinación libertaria desafiaría a la tiranía del chaparro tirano sin descanso, desde la militancia dentro y fuera de prisión, amén de la calidad profética y humanística de su obra en verso y prosa.

Si la poesía de Miguel Hernandez, hombre de campo y autodidacta de formación al igual que Marcos Ana, se puede considerar el diario lírico de la Guerra Civil española, nuestro poeta salmantino, republicano y ateo construyó a partir de su largo confinamiento político una crónica despiadada de la dictadura de Franco, feudal, inmovilista y represiva en extremo. 

Después de leer dos libros en pdf que compilan su obra poética (Cuadernos de Poesía número 9, Biblioteca Virtual Omegalfa, y "Te llamo desde un muro", el perro y la rana, 2008), se nos vienen asociaciones que exceden el género de la literatura en prisión. Tenemos el mural narrativo "Memorias de un venezolano de la decadencia" de José Rafael Pocaterra, la poesía vitalista y erótica en cautiverio de Alfredo Arvelo Larriva, o la transparencia sin igual de su hermana Enriqueta cuando le cantó una elegía solidaria y dolorosa a su prisionero político entrañable.

No en balde su ateísmo y militancia comunista, Marcos Ana posee el tenor endurecido y encarador de los profetas bíblicos, pues son los legisladores o, mejor aún, los aguafiestas del despropósito de su respectivo tiempo histórico. Por tal razón, sufrieron persecución y encarcelamiento de reyes viles y sacerdotes envilecidos. Notamos también en su discurso poético la inmediatez metafórica de las Parábolas del Cristo liberador y no institucionalizado, vinculada al habla popular exenta de poses retóricas. 

La poesía de Marcos Ana, luego de combatir muy adolescente la insurrección franquista a palo, piedra y uñas, no se incubó en la Universidad de Salamanca con los señoritos que rechiflaron la indignación áspera y antifalangista de Unamuno el 12 de octubre de 1936. Se crió en la sombría prisión que se convertiría en una muy brillante aula magna de la libertad. Allí, el poeta asechado por funcionarios penitenciarios buitres, desarrolló una propuesta del Decir que empalma la tradición y la vanguardia estética y política. Con una economía de recursos atinente a la lobreguez paisajística y arquitectónica del presidio, edificó del cieno y la sangre un monumento admirable de la lengua castellana. El poema "La Vida?" es una de sus muestras indiscutibles: Le pregunta a su prójimo que se pasea por la calle sin reparar las maravillas del mundo, cómo es un árbol o cómo es un beso de mujer, experiencias que le niega el orden que lo reprime pero que no logra apocarlo. 

Marcos Ana, poeta comprometido de una calidad asombrosa, privado por el señor feudal y luego por el milico de su infancia, adolescencia y juventud en plenitud lúdica, se nos parece a Emily Dickinson y Enriqueta Arvelo Larriva, pues sin abrevar en la realización física del amor erótico, tenía una sabiduría y captación del amor en una situación extrema de carencia material y afectiva. 

Con muy pocos elementos, nos obsequió una poesía empoderada, poderosa y accesible al Otro: Árbol, mar, patio, losas. Por el amor de Cristo, qué poeta tan poderoso y a la vez tan amoroso en medio de la cana. Poeta del decir que nos maravilla en su transparencia que se abre paso entre un averno jesuita que fue impostado por la Falange. He aquí un verso que nos lo define en un cariz digno de Job y los profetas bíblicos: mi lengua es una herida que flamea.

La ideología, en tanto falsa conciencia, no afecta las aristas políticas ni estéticas de su discurso poético. Su compromiso político está admirablemente dicho y se asimila a un humanismo de raza. Por eso las consignas no son lugares comunes ni pataleos retóricos. Hay una vinculación innegable con la vida que se contrapone a la intolerancia, el sectarismo, el resentimiento y la banalidad insoportable del mal. 


 El poeta Marcos Ana, muy conmovido, conversa y departe con los bisnietos de sus compañeros de lucha pro republicana


sábado, 14 de noviembre de 2020

BIOGRAFIA PORTATIL: Marichina Garcia H


Marichina García H. nació en Caracas el año del señor de 1969. Se recibió de periodista en la Universidad Central de Venezuela. Como ocurre con la gente maravillosa y gratificante para con la Humanidad, vivió en nuestra Valencia de San Desiderio un tiempo con sus hijos, sin que por cosas del capricho del destino, la providencia o el Dios de cada quien, lo reparáramos sin saber de tan estupenda mujer, madre y escritora de postín. 

Además de su innegable belleza física y su humanitarismo de vocación verdadera, nos cautivó su modestia y timidez, no obstante ser una encantadora parlanchina por devoción a la palabra bien dicha y adobada de arrobadora dulzura.

Su escritura que ella en su pudor de ensueño da muy poco a conocer, tiene gran personalidad y una consistencia afín a la carne del durazno. Su poesía, verificable en los pocos textos que ha publicado en las redes, tiende a una muy espontánea poética del Decir. Encontramos poemas en los que dialoga con su consentido Miguel Hernandez, Antonio Machado o con lo mejor de la poesía exteriorista de Nicaragua. Tenemos un poema del exilio que pende de las alas y el pico de un colibrí; la épica del exilio español en las andanzas de unos muy amorosos abuelos anarquistas; la canción de cuna con el que arrulla a sus propios hijos; o los muy sugestivos textos románticos y sensuales que no riñen con la dura cultura mediterránea. No se trata que este crítico se ufane en haberla descubierto, sino de haberla leído en un clima rumoroso de aguas mansas que cantan en nuestros oídos.

Qué decir de su militancia persistente y muy sentida en las mejores causas de la humanidad? La periodista que es Marichina, idealista como el Quijote, escritora apasionada como Oriana Fallaci, defiende con un empeño sumergido en densa miel, la causa de las madres que sufren la separación de sus hijos, el encono de la sociedad patriarcal y las peripecias de levantarse contra los Pedro Páramo que campean todavía por allí

Ella, en las múltiples aristas de su viaje vital hacia sí misma y luego en su solidaridad con su prójimo (como si se tratara de sí misma), nunca desmaya en el mejor de sus roles, el de la madre sobrenatural de sus cuatro hijos. No hay mejor ojo ni mejor tacto ni mejor aroma que el de la mujer fecunda que soporta en sus brazos a su hijo y, por ende, a los del resto del mundo. Eso vemos en nuestra buena amiga Marichina, no importa que los sentidos atrofiados de otros no lo vean. No somos pocos los que la admiramos y queremos a rabiar. Si ven alguna crónica periodística, algún comentario, algún cuento o algún poema firmados por Marichina García Herrero, leanla con suma atención, pues se internaran en el laberinto enternecedor de una gran venezolana.