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miércoles, 9 de diciembre de 2020

Una dama llamada depresion 2. Jose Carlos De Nobrega

Esta preciosa ilustración de Isa, nos insta a reconvertir la hoguera misógina de las brujas en flama de liberación interior que repercuta en el entorno, sin rencor ni resentimiento. 

Seguimos en la brega frente a esta Medusa de todos los tiempos.

Qué tienen que ver la religión, la política y la Poesía como armas o recursos terapéuticos contra la depresión? Acaso se invalidan los aportes de la Psiquiatría? La primera y segunda respuestas son Sí y mucho, esos tres caminos de cura son válidos y no desdicen para nada a la ciencia de Freud, Jung y Reich.

Mi psiquiatra, devoto lector del insomne poeta Ramos Sucre, me regaló La Enfermedad Mortal (o de la desesperación y el pecado) del filósofo cristiano y existencialista danés Soren Kierkegaard. Mi recuperación no abjura de Cristo, por el contrario, a través de la fe católica lo convoco como mi terapeuta todos los días. Se lee en una de sus páginas "Rezar es también respirar, y la posibilidad es para el yo como el oxígeno para los pulmones (...) para rezar se necesitan un yo y posibilidad, entendiéndola en el sentido más plenario de la palabra, ya que Dios es lo mismo que la absoluta posibilidad, o la absoluta posibilidad es Dios". Lo cual dista de una religiosidad mediatizada por lo instituido de la mano negra de los poderes fácticos que nos resecan.

Por ejemplo, el teólogo protestante alemán Dietrich Bonhoeffer, quien combatió las ensoñaciones piadosas dentro y fuera de la Iglesia, predica con el ejemplo sin decaer en la propaganda ideológica ni religiosa. Con la prohibición de ejercer la Pastoral en su congregación, apresado, enjuiciado y fusilado por los nazis, Bonhoeffer nos ha dejado su legado antidepresivo y combativo de fe en el libro Resistencia y Sumisión. "Hoy es el día de la ascensión y por lo tanto un día de enorme alegría para todos aquellos que pueden creer que Cristo reina sobre el mundo y sobre nuestra vida". Teología de la Liberación incubada en la sórdida y mala prisión para que la dama, ataviada con el negro uniforme de las SS, tenga dentera y llore de absoluta impotencia. Solidario con sus compañeros de presidio, sin importar la confesión religiosa ni política, comunidad a la que llama casa, nos dice más adelante "Lo que uno escribe fundándose en sus experiencias inmediatas, fluye de la pluma con gran facilidad; de esta forma me libero escribiendo". Esta experiencia que lo emparenta con los místicos San Juan de la Cruz y Fray Luis de León encanados mas no doblegados por los nazis de la Inquisición, me mueve a dar la pelea a la Depre con este ensayo en Dios liberador.

En estos días, la Poesía me deparó un regalo que disgustó mucho a Doña Depresión quien es patológicamente celosa. Una poeta de mi más alta estima, me convirtió en un poema vivo que habla de Cristo y de Judas. Me dotó el cuerpo de unas manos escritoras milagrosas, con las que ahora emprendo esta terapia escritural siendo su escritura y la mía. En el cuento de Murena, Cristo y Judas fueron pintados en La Santa Cena compartiendo un mismo modelo, entre la hermosura del joven leñador y el borracho más horrendo. Poeta sabia que también me enseñó que la vida hay que agradecerla y vivirla en la tensión entre la caída y la resurrección.

El libro bíblico de Job no sólo registra la buena y la mala leche del infortunado personaje. Tampoco se refiere nada más que al capricho del Destino en el que Dios y el Diablo juegan al ajedrez con la vida del siervo bueno y luego disconforme. Descubre que, como lo vivió y escribió Unamuno, la Fe cristiana que no duda no puede serlo en la autenticidad. Por eso, Fray Luis de León lo tradujo del hebreo, lo comentó como ensayista y luego lo reescribió como poema épico, intimista  y espiritual en nuestra lengua. Temeroso de Dios, Job le increpa lo muy endurecida de su prueba trágica. "Por qué me perseguís como Dios, y ni aun de mi carne os saciais?" La queja y la duda en medio de la tormenta, facilitaron el proceso de reivindicar a Job ante Dios y ante sí mismo. Derrotar a la señora Depresión no sólo es un acto de habla y pulsión interior, sino incluso social, muy a pesar de los amigos santurrones e indolentes de nuestro héroe. "Quién diese que se escribiesen en un libro; que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas (mis palabras) en piedra para siempre!" Job fue escuchado y rehabilitado. No sólo tiene su propio libro bíblico, además de Fray Luis el traductor de Dios, otros como Kafka, Dostoyevski, María Zambrano y Jung ampliaron la bibliografía indirecta. La Depresión es descubierta y desmontada en un acto escritural de raza humanística.

Entonces, compañeros pacientes, no se desesperen porque esta poderosa dama tan intimidante, represiva y depresiva es perfectamente derrotable. Simplemente, como en el judo y la lucha libre que practicó Alberto Rodriguez Carucci, la inmovilizaremos con una llave maestra utilizando la propia fuerza de nuestra bonita oponente.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Relatos de cuando era mas joven 5. Jose Carlos De Nobrega

 


De la lucha libre

En mi primer libro de narrativa breve, El Dragón Lusitano y otros relatos, abrí el volumen con el cuento homónimo del título que, además de homenajear a mi tío Alberto, tocaba el muy atractivo mundo de la lucha libre. Este deporte de carpa y circo formó parte de mi imaginario estético, mucho antes que supiera de la existencia de los relatos homéricos y las crónicas de Indias. Primero la fuente televisiva de blanco y negro con las funciones desde el Nuevo Circo de Caracas, luego las fotonovelas de Santo el enmascarado de plata, principalmente, y Blue Demon. 

Mucho más tarde, las películas B del Santo contra las mujeres vampiro, un clásico de surrealismo naif, versus Frankenstein o el hombre lobo y quién sabe si contra los nazis o el Golem. 

Si revisamos el caso mexicano, paradigmático como su cine melodramático y cómico, el Santo, Cantinflas, Tin Tan y su carnal Marcelo provienen de la misma Arcadia, ésta es la carpa del circo con las funciones atléticas y de vodevil de producción popular. Fellini y Bergman construyeron una estética cinematográfica a partir de sus visiones circenses. En América Latina, en cambio, se optó por la pureza o mixtura paladinesca y bufonesca del espectáculo para el pueblo de a pie.

Sin embargo, la literatura latinoamericana ha tocado este motivo épico, lírico y popular. Las crónicas de Carlos Monsivais, la novela de Laura que vincula a Emilio con el Santo, y uno que otro cuento de autores como Paco Ignacio Taibo II.

La televisión fue, paralelamente con la formalidad de la escuela, el instrumento educativo informal que nos formó para bien o para mal. Además de las comiquitas, las series y las películas de acción, nos encantaba mirar las hazañas de los hermanos Battah, Jorge y el calvo Basil como el máximo héroe, las villanías del Dragón chino o las acrobacias de Dark Búfalo, o el salvajismo del Pequeño Goliath (encarnado por mi tío Alberto). De esta carpa salieron también Lotario y el Chiclayano para convertirse en actores de carácter o guardaespaldas en las telenovelas o series de producción nacional.

En Valencia, no sólo teníamos la Plaza de Toros Monumental como coso para la lucha libre, sino también la más pequeña locación taurina de las Arenas de Valencia, ubicada en la avenida Bolívar Norte a una cuadra de la avenida Cedeño.  En ese desaparecido coliseo en miniatura, estuvo combatiendo nuestro amigo Alberto Rodriguez Carucci antes de que esta su aldea se convirtieta en ciudad bombardeada por la indolencia. Alberto se movió pues desde la lucha libre y el judo hacia la docencia, la investigación y la critica literaria en la Universidad de los Andes. No era inconcebible para un lector del paladinismo desparramado en las crónicas de Indias, una de las primeras manifestaciones de la literatura latinoamericana junto con la poesía indígena patente en la oralidad tribal y en los petroglifos.

Hoy, la cosa perdió su gracia mestiza y fantástica. No nos divierte ni cautiva la parodia del deporte en Fox, ni El Enterrador ni Joe Cena superan la poesía de los astros nuestroamericanos del ring. Son tan fanfarrones como los marines, el Pentágono y el Departamento de Estado gringo. 

Me queda el caos de los sábados en la casa viuda de Caracas, cuando los tres hijos de Augusta jugaban al Catch as Catch Can en el colchón de una de las camas tirado en el patio. Mamá trabajaba en el Central Madeirense en horario corrido, mientras sus críos enfrentaban a los agentes fantasmas en ring tan improvisado.