jueves, 29 de abril de 2021

De estupro y depredadores literarios. Jose Carlos De Nobrega


Ha traído cola la problemática del abuso y acoso sexual de mujeres menores de edad y adultas en el medio artístico. En este caso, el teatro y la literatura en Venezuela. El poeta Willy Mckey, fundador de la célebre revista poética "El Salmón" a fines de los 90, confesó por instagram que había cometido estupro. Además de las reacciones destempladas de amigos y detractores, tenemos entendido que fue echado del portal Prodavinci. Por supuesto, el poeta acusado fue movido a confesión y removido del laburo por la denuncia de una muy joven dama en su contra. No sabemos si para librarse de la justicia, dada la gravedad de la acusación en las redes sociales.

En Valencia, una joven poeta reportó por la misma vía que en el marco de un evento cultural, fue acosada sexualmente por dos poetas varones que formaban parte de la redacción de una muy conocida revista literaria auspiciada por la Universidad de Carabobo. Agregó que se quejó ante el también joven director de la publicación, sin que ni siquiera se investigara tan lamentable caso. Muchos años antes, un director de teatro pagó condena en la Cárcel de Tocuyito por abusar sexualmente de varias menores de edad.

Pareciera confundirse la realidad con la ficción y la imaginación literaria. O que los libros de materia e intensidad eróticas, pornográficos o no, den pie para tales fechorías. "Lolita" de Vladimir Nabokov es una novela y no una apología al delito de estupro. Por lo que el poeta convicto y confeso no puede aducir que fue empujado ni escrito de antemano por el novelista ruso cual Humbert Humbert. 

Los libros del Marqués de Sade, quien sí se confesó cínicamente como hombre libertino, amén de desenmascarar la hipocresía de aristócratas y miembros del clero tan envilecidos como él, tampoco puede ser pretexto para cometer abusos sexuales a la fuerza como el Monstruo de los Palos Grandes o los sacerdotes pederastas de Roma y Boston que obligaron al Papa Benedicto XVI a renunciar. 

En la película "La Soga" de Alfred Hitchcook, filmada en un plano secuencia memorable, dos muchachos pequeño burgueses asesinan a un amigo, lo guardan en un baúl de la sala y dan una fiesta. Todo por estar más allá del bien y del mal. El profesor, encarnado por el gran James Stewart, ata cabos y descubre el delito. De la filosofía vitalista, inspirada en Nietzsche, pasó a una clase de ética cristiana que persuadió del engaño y reprendió a sus ex alumnos y no buenos discípulos.

Ni la literatura ni los cuatro evangelios justifican la lapidación física, ni intelectual, ni simbólica de nuestras hermanas mujeres por la sobrevivencia de un imperio patriarcal tan nocivo como el capitalismo salvaje y el extremismo estalinista. Puedo leer con amplitud católica y anarquista la obra de Nabokov, Sade, Henry Miller o La Historia del Ojo de George Bataille, sin que me muevan con iniquidad a herir mi prójimo. Detesto a los depredadores sexuales que destruyen esa creación inigualable de Dios que es la mujer. Cristo en esto fue un feminista extremo, pues sólo el ver a la compañera de tu prójimo con mirada lasciva, implica ser adúltero con tu propio corazón.

Nos acabamos de enterar ahorita que el poeta Mckey se suicidó en Buenos Aires este jueves 29 de abril de 2021. Tenía 40 años de edad. Execrado como un apestado del siglo XXI, despojado de laureles literarios y deprimido, se lanzó al vacío desde el noveno piso. No quería quizá pagar cárcel como Raskolnikov quien sí se purificaría de su crimen en la prisión de Siberia. Habrá quienes digan que se hizo justicia poética. No lo creo así. Veo algo mucho más aterrador: El orden patriarcal, machista y misógino se lava las manos como un Ogro cínico y abyecto. Ni las víctimas del poeta ni su agresor serán acreedores de la justicia auténtica. En las redes y los medios nos pondrán a hablar ramplonerías que luego serán periódico de ayer, mientras más niñas, adolescentes y mujeres son acosadas, abusadas, violadas e incluso asesinadas luego, todo ello en tiempo real. Este mundo sigue siendo horrendo y es urgente transformarlo ya, aquí y ahora.

He aquí quizá el ultimo tweet del poeta Willy Mckey. Parece un haiku que anuncia un harakiri para nada dignificador. 

https://twitter.com/WillyMcKey/status/1387853338943889418?s=20

miércoles, 28 de abril de 2021

Cronica comprensiva de Carabobo 1. Jose Carlos De Nobrega


Boyacá

Desde muy chico, cuando estudiaba cuarto grado, y hasta el bachillerato, me impresionó mucho la Batalla de Boyacá. Pero más que el triunfo patriota en ese puente, lo que más me emocionaba era todo el proceso. Me refiero, por supuesto, al Paso de los Andes de Simón Bolívar al mando de un ejército llanero. Esto es del 27 de mayo al 7 de agosto de 1819. Era la calistenia o el calentamiento en un frío extremo para la Batalla por venir, la segunda de Carabobo del 24 de junio de 1821.

Desilusionado por la descoordinación de las fuerzas patriotas en Venezuela, Simón Bolívar decide tomar a Nueva Granada. Además de las condiciones poco propicias para atacar en ese momento a Morillo en el centro de nuestro país, de tener éxito su plan se proveería de diversos recursos materiales y humanos para proseguir la independencia venezolana en mejores circunstancias. 

Bajo la lluvia terca, copiosa y endurecida, desde el pueblo de Sesenta hasta la selva de San Camilo, El Libertador se hizo acompañar de 2500 hombres para ascender los 4000 metros de altura del páramo de Pisba. Era el mejor pero más osado escenario para entrar triunfante a Santa Fe de Bogotá. Hubo muertos y desertores durante tan penoso recorrido. Tal sacrificio de vidas era válido, pues constituía el lado menos cuidado y más vulnerable de las fuerzas realistas en el Virreinato.  Entre las inclemencias del clima, la falta de oxígeno y los abismos ante sus pies las más de las veces mal calzados, se desarrolló esta hazaña militar asimilable al paso de las Termópilas de los espartanos. O a la gallardía del ejército cartaginés contra Roma. 

Donde fracasaron dignamente el rey Leonidas, Aníbal el cartaginés y Espartaco traicionado por los piratas sirios, Bolívar se salió con la suya a fuerza de su liderazgo, talento de estratega, sus cojones y su culo de hierro. Este increíble ejército de fantasmas trajo consigo el asombro cuando arribó a Socha. Nadie lo notó como efluvio inadvertido. El pueblo oprimido los avitualló, acogió y se sumó admirado, mientras que fueron derrotados Barreiro y sus realistas engreídos en el puente de Boyacá con el miedo entre los dientes. Santa Fe fue desocupada ipso facto porque venía el Atila de la Guerra a Muerte. Santander había correspondido militarmente a la confianza del Libertador, quien desde allí dominaba como cóndor libertario sobre el continente.

Lamentablemente, pocos años después, el de 1830, el Proyecto de la Gran Colombia que no fue doblegado por el Imperio Español, lo sería por los aliados como Páez y Santander, envanecidos en sus propias propuestas secesionistas de Poder. Tal como ocurre hoy con los depredadores que siguen esa misma línea desintegracionista  de Nuestra América en una Guerra de Cuarta Generación. No somos mercenarios ni pragmáticos. No importa que nos importunen los Pino Iturrieta, Carrera Damas o Castro Leyva. Nos quedamos con la muy bella utopía. 

Ni Tovar y Tovar ni Michelena se equivocaron al pintar de tal manera nuestra independencia. Batalla de Boyacá de Martín se empalma con Pentesilea de Arturo en un viaje inverso: De la América histórica y rebelde al Mito greco-latino que se desparraman con vida por un mismo puente.

Papá José tenía en su bar restaurant de la Pastora caraqueña un cuadro de Simón Bolívar, cuando lo asesinaron en 1972. Unos policías se querían hacer con el retrato de su Libertador, quizá para vendérselo sabrá Dios a quién. Pero la muy terca de mamá Augusta, no se los permitió. Era también el suyo. Ahora preside mi corazón espinado y anarcoteísta a pesar del naufragio del mundo estos días de Pandemia.

domingo, 25 de abril de 2021

La Tia Tula es Unamuno. Jose Carlos De Nobrega

 


A Marhisela Ron León

El título de por sí es polémico, mientras que la dedicatoria se mueve entre el agradecimiento y el amor fraternal de amigos que se complementan en la poesía, la confidencia y el afecto más lúdico que pueda concebirse.

Ignoro si alguien haya intentado esta hipótesis feminista rara sobre la novela de Unamuno. A obra atípica, especulación osada de un polemista compulsivo. Qué se podría esperar en este primer cuarto del siglo XXI, marcado por la Pandemia del covid-19 y la revisita de la Guerra Fría como café amargo de tres. La Tía Tula no es ni folletín amoroso ni histórico. Bien lo apunta Julian Marías. Pero no deja de ser una muy peculiar historia de amor dentro de un contexto en el que no se pintan coordenadas históricas ni geográficas, ni falta que hiciese porque empero sí están latentes. Escrita en 1920 y publicada al año siguiente, novela centenaria pues, tenemos la sobrevivencia del Medioevo español, no en balde la crisis del país colonial de 1898, la cultura patriarcal autoritaria y  el imperio del catolicismo ultramontano. Unamuno, de convicciones socialistas en su colmena bullente de contradicciones, se exilia en París luego que la dictadura milica de Primo de Rivera lo destituye de la rectoría y su cátedra de la Universidad de Salamanca.

Esta novela sentimental, sin las pretensiones del folletín ni las sociologizantes de la novela histórica realista, posee un áspero y extraño feminismo. Esto es que el autor macho se convierte en la mujer protagonista del discurso narrativo. Se pone en sus zapatos, diseñados por el orden machista absoluto de ley y de hecho, para no sólo contrariar el atraso y la injusticia estructural del siglo naciente, el XX, sino también su misoginia excluyente y obscena. No nos parece que ni la Tía Tula ni la constelación de personajes igualmente atribulados que la acompañan las más de las veces como satélites, sean arquetipos para demostrar tesis sociológicas ni psicologistas de ningún tipo. Es pulsión intermitente y humanística que se halla enraizada en el Amor, la contristación y la solidaridad para con la mujer española. Qué movería a Don Miguel de Unamuno casado con Concha, Concepción Lizarraga, desde 1891 hasta 1936 (año de la muerte de ambos luego de 45 de comunidad matrimonial), los dos padres de 9 hijos, 6 varones y 3 hembras? Papá Miguel se suponía un patriarca católico de los suyos.


La Tía Tula excede el arquetipo de la mujer que queda solterona y ejerce en la familia tradicional española un rol matriarcal de apoyo o paralelo a la de la madre. Mujer que se hace frígida a voluntad, como opción de vida, además de controladora de sus alrededores. Esta víctima y victimaria del patriarcado, aunque católica, está exenta de beatería insulsa e histérica y posee una inteligencia de intelecto y manipulación emocional. Su liderazgo se hace sentir en su hermana Rosa, su esposo Ramiro (respecto a quien reprimió su amor erótico), Manola la criada que sería la segunda esposa de éste y la prole de ambas uniones matrimoniales impuesta bajo su totalitarismo matriarcal. 

Por supuesto, la Tía Tula no es una madre castradora por excelencia. Ni una mujer resentida que vomita sobre su entorno la hiel que la corroe. El autor, Unamuno, impostando la aparente neutralidad del narrador omnisciente, encarna en ella transmitiéndole su carácter personal díscolo y su poética áspera que sin embargo busca y da afecto bajo una extraña forma de Amor. Ni la Tía es caníbal que devora a sus hijos devorándose a sí misma, ni el escritor un viejo pedorro como lo apodaban los amigos de la Residencia de Madrid más cínicos, Buñuel, Pepin Bello y Dalí. García Lorca estaba embebido de la belleza de adentro y de afuera. Unamuno aprende a tiempo y a su paradójica manera el amar a la mujer que late tras la severidad matriarcal de Gertrudis. El también atípico prólogo, por demás lúdico y sorpresivo, nos hace un aporte lexical y humanístico de gran valía, como me lo hizo ver mi hermana poeta Marhisela, la sonoridad áspera pero viva y seductora de la palabra SORORIDAD, la confraternidad entre féminas que quieren autoafirmarse y al punto complementarse en diálogo auténtico, solidario y amoroso con los varones, hasta educarlos en una colmena mágica traducida en comunidad de sensibilidad, igualdad en la diversidad y la justicia. No se puede dar pie a jerarquías artificiales, sino de diluir los roles de la reina, las obreras y los zánganos en la dulzura enternecida y conmovedora de la miel.


No es esta preciosa novela, exenta de sensiblería y arquetipos, tan romántica como Cumbres Borrascosas de nuestra Emily Bronte, pero hay pasadizos de una profunda vinculación humanística y, por qué no, de sororidades. Pese a que la Tía Tula, honestamente, impone su proyecto de relaciones de poder en familia, sacrifica inútilmente su proyecto de vida como mujer que dispense y reciba amor erótico, amén de la fecundidad de la madre que alumbre la prole con dolor, estrechez pelvica y Amor Loco. Fue simplemente su reacción lo más inteligente y soberana posible para sobrevivir en un mundo gobernado por el mesianismo falso trocado en monarquía de machos crueles, indolentes y ambiciosos. Ella modeló a Rosa, su hermana, Ramiro, Manola la criada y ser sumiso seducida y preñada por éste, además de los hijos de los que se apropió: Ramirin, Rosita, Elvira y Manolita. Ella renuncia a sí misma a cambio de ejercer un poder que está mal tocado por el imperio machista y cuasi medieval de España. Diseñó una estrella de David como la doble triangulación amorosa, represiva y muerta viva. Un primer triángulo integrado por Gertrudis, su amor frustrado Ramiro y el pretendiente o pelele de Ricardo, el primo de él. Y un segundo invertido con La Tía Tula y los esposos Rosa y Ramiro.

Hasta aquí, por los momentos, ésta mi tesis desencaminada sobre esta novela soberbia.

Mi agradecimiento reiterativo por partida dupla: A mis maestros Don Miguel de Unamuno y a la poeta hermana Marhisela.

Post Scriptum: No te he olvidado mi muy señora poeta, aunque la Pandemia te tenga apocadita. El sacrificio maternal lo vale, bien lo sé porque fui acreedor del Amor sargento y monjil de Mamá Augusta. Este sacrificio para con los soles y las lunas, no desdice la condición vitalista que te empine como una mujer de una sensualidad que coquetea con tu pudor todo encanto. No seamos prisioneros y carceleros de nosotros mismos, amor mío.

sábado, 24 de abril de 2021

Don Abelardo Cuadra, mi teniente sandinista. Jose Carlos De Nobrega




Estimado Don Abelardo: Esta mañana amanecí de pólvora mojada en un paredón de fusilamiento, el suyo, el histórico, y el mío, el pandémico en la Cueva de Platón. Es rejodida la pesadilla de que lo importunen en prisión a uno, reo de muerte que milita en la vida abundante que predicó el Jesús liberador, en llevándoselo al solar ensuciado por un paredón micótico, verdoso musgo e improvisado de acribillamiento. Para que el pelotón de soldados, carajitos amodorrados y lagañosos, no termine la pesadilla a plomo limpio y a discreción y se perpetúe en el terrorismo abyecto y cínico del poder fáctico de turno. 


Tengo conmigo este testimonio vivo tuyo, rodado en vídeo por nuestro querido José Fran, quien también trascendió al cielo de su afán rebelde y reivindicativo. Hace tiempo que deseo revisitarte en la pantalla de mi pequeño televisor LG. En estos días encontré en esta cueva de Platón, el equipo de VHS que me lo haga posible. Espero que el antiquísimo armatoste se encienda al primer intento como el Volkswagen escarabajo en la película de ciencia ficción de Woody Allen, "El dormilón". Me mueve esta obsesión empecinada de rescatarte en la memoria histórica de América Latina.

Cuando lo vi por vez primera, se me aceleró el corazón aventurero conmovido. Hacerte sandinista cuando ibas persiguiendo a  Augusto César Sandino uniformado de Guardia Nacional. Vivir en carne propia "la quemazón de la culpa", cuando formaste parte del complot somocista que lo asesinó. Traicionar la confidencialidad vil de la satrapía, al contar en detalle el martirio de este General de Hombres Libres. Alzarte dos veces contra el Tacho para enemistarte para siempre contra los falsos mesías milicos que han ensangrentado nuestra América y el Caribe. Compartir la prisión con el asesino serial Castañeda. Huir de la cana y vivir tu "Jodisea" libertaria sin mediaciones ni ismos esterilizantes. Brillar en la Legión del Caribe combatiendo no sólo a Somoza, sino a Chapita Trujillo y al proxeneta de Batista. Regresar años después a Nicaragua, luego del triunfo de la revolución sandinista, depuesto Tachito, a señalar dónde mataron y enterraron a Sandino y sus compañeros. 

No sé si a la mitad del documental de José Fran, ibas a confesarnos con minuciosidad dolorosa y cojonuda la quemazón de tu culpa. Te lo impidió, así nomás, con toda la entrepitura descarada del mundo, el muy baboso, fariseo y cruel ensoñador piadoso de tu hijo. Aquí rabié como no tenés idea, viejo. Esas palabras que te guardaste en corazón decepcionado y luego te llevaste a tu tumba, seguramente iban a provocar un cataclismo en la historiografía postiza y embustera de este mundo mezquino que las más de las veces es una porquería como dice el tango Cambalache. 

Me quedó en esta rabia que asoma de vez en cuando, el deseo de escribir o, mejor todavía, parafrasear en la fragilidad del lenguaje, esas palabras que contuviste para indignación de José Fran y la mía contra tu hijo envanecido y antimarxista pontífice de la clase media post petrolera.

Es verdad que tardé una generación para acometer esta empresa que te reivindique figura sandinista y memorialista de mi anti canon de la literatura latinoamericana y universal. En la semana santa o Zángana del 2018, escribí un poemario, mi primero, de más de cien coplas sobre vos contrapunteando con otro Cuadra, no presbiteriano como tú sino católico de los buenos, llamado Pablo Antonio. Lo titulé A la Pasión de Sandino, cuando buscaba hablar de tu propia Pasión sin crucifixión. En antes, escribí un muy breve relato en homenaje a vos que publiqué el año 2013 en "El Dragón Lusitano y otros relatos". Luego, parafrasee tu versión sobre Sandino en un ensayo a propósito de él, en el cual te acompaña mucha gente que lo quiso como vos: Ruben Dario, Salomón de la Selva, tu hermano Manolo, Ernesto Cardenal con quien nunca simpatizaste, el historiador Macaulay cuya biografía leíste y comentaste a borde de página, Orlando Araujo, Enriqueta Arvelo Larriva, Rafael de Nogales Mendez y José Pulido. Y en pandemia, un relato del juicio final y un par de sonetos publicados en mi blog de salmista compulsivo dos.

Todavía me quedan ganas locas por escribirte y develar el misterio. Poca gente se acuerda de vos, pero te ama con pasión libertaria y admiración devota. Cito, por supuesto, a José Francisco Jiménez, Ismael Noé, Martín Lara, el mismísimo Sergio Ramirez quien me preguntó por Víctor (perdón que te pido, viejo, y ya se me quitó la inquina), tu hermano Luciano, el periodista Eduardo Crawley y yo, este amigo e hijo que te quiere y extraña mucho, mucho. 

jueves, 22 de abril de 2021

Antonio Trujillo, poeta inconcebible. Jose Carlos De Nobrega

 


No sé si el ensayista Juan Manuel Escourido define a los periféricos como aquellos escritores que adelantan a otros por el hombrillo de la autopista.  En esta táctica inusual de carrera, él ubica a Juan Larrea, Enrique Dussel y Antonio Trujillo nuestro amigo. Un cronista, un teólogo de la liberación y un poeta artesano. 

Indagando el verbo arbóreo de Antonio Trujillo, se pregunta "Invita el decir de Antonio Trujillo a la exégesis o la requiere?". Creemos que libera estos dos pájaros en un chasquido mágico de dedos. Se disfruta y se acompaña en su muy peculiar estado contemplativo, místico y meta poético. Se contesta Escourido: "El poema, en Trujillo, verbaliza un cauce de perplejidad. Ese cauce de perplejidad esencial, inmediata, intuitiva, que dimana de la contemplación". Muy válido y multisugerente el argumento y la lectura atenta del español respecto al venezolano.


Quién conozca a Antonio puede desconcertarse con su poesía. Por lo que si bien el discurso poético entraña una experiencia personal, no se trata de vaciar la vida en una plantilla preestablecida. El amigo Trujillo, al parecer, no tiene nada que ver con ese río apacible donde abrevan los lectores de sus breves poemas de intensidad mística y metafísica. Él es un gran y estupendo conversador, dicharachero, simpático las más de las veces y en otras no tanto por su vehemencia en sus zurdas ideas. El humor picante y ponzoñoso al punto, no lo abandona casi nunca. 

Podemos alegar en Antonio un afán de poligrafía literaria y artística que trasciende la tipología de los géneros. No se refiere a la suma de sus oficios en el arte, sino a su integración problematizadora que apunta a encarnar la contradicción polifónica y existencial en la agonística de la vida misma, tal como lo comenta en su obra y lo practicó en su vida Don Miguel de Unamuno.


Su poemario "Hilo de Pájaro" (Fundarte, Premio Stefania Mosca 2012, Caracas, 2013), me lo dice como lector y hombre de fe poco convencional. Esa poesía breve de verso corto, contenido pero expansivo en revelaciones de adentro hacia afuera, nos da una paz punzante en el teatro bélico tanto de nuestra confederación de voces como de este mundo atribulado y perturbador. Nos rescata de la atrofiada memoria poética e histórica, la pulsión de los místicos españoles y los metafísicos ingleses como John Donne, revisitados y recreados también por Fernando Paz Castillo y Miguel Ramón Utrera. 

La paisajística interiorizada es muy personal pero no reniega de las fluencias de los grandes poetas de la lengua. Estampas en blanco y negro con una escala de grises propia, maceradas dentro y fuera de la escritura: "Sin palabras / la niebla // ancestra el aire // seduce / al cielo // y esconde / los árboles // en lo más blanco / de la tierra". La austeridad del Decir no estriba en malponerse con las modas literarias del momento para imponer la suya, sino en aspirar y expirar con conciencia de sí el Ser y su  alrededor en un diálogo paradójico, ético y esencialista.

La poética del Decir no es unidimensional, ni Dios lo quiera. Enturbia y clarea las aguas de un río que nunca es el mismo. Ello en el placer afirmativo, no absoluto, de expresarse por caminos diversos. En este libro, la voz se mueve lúdica en el ars poética, la transfiguración del Cristo carpintero, el pastiche criollo heredado de Luis Enrique Mármol como cepillo epistémico de la voz del otro, e incluso la degustación de la lengua en el culto subrepticio y no bullanguero de la oralidad. 

Las voces que se encuentran y desencuentran, no se escinden ni se resecan entre ellas mismas. Priva un ejercicio vital de síntesis de verdadera religiosidad divorciado de lo ideológico y lo propagandístico. La propuesta formal entraña la variedad de los registros implícitos en esta búsqueda mística y estética sin mediación canónica. 

Los poemas en prosa al final de este universo, no se contraponen con la aparente atemporalidad de los textos en verso. Se complementan no en hábil ejercicio conceptual, sino en un diálogo intertextual decantado en la asombrosa multiplicidad del registro del alma individual y colectiva. Poseen la historicidad y la estética sentida del exilio como malestar y esperanza combativa y no por eso menos contemplativa ni conmovida. De la guerra civil española, pasando por la destrucción de Troya, nos solazamos y contristamos con la literatura que nos reencuentra con Martí, Dario, Miguel Hernandez, Canetti, Homero, Rosalia de Castro y el siglo de Oro español. 

No en balde lo leímos a este de Antonio mientras cargábamos agua de lluvia a las 4 am en marzo de 2017. Ayer, miércoles 22 de abril de 2021, lo revisitamos porque desde "La Tía Tula" me lo recordó el maestro Don Miguel de Unamuno. Supe que él y Antonio conversaron mucho en la ciudad áurea de Salamanca. No estamos solos ni aislados en esta cueva acogedora de Platón, no importa la cuarentena radical ni la flexible.



Biografia de Karen 2. Jose Carlos De Nobrega

 


Hoy me comunicó mi sobrina Angélica que nuestra angelical mascota, Karen 2, una perrita mestiza blanco algodón, falleció de vieja en su casa del sur de la ciudad. Había vivido cerca de un siglo haciendo de las suyas, más virgen e impoluta que Santa Teresa de Ávila. 

Karen, nuestra florecilla de San Francisco de Asis, este miércoles 21 de abril de 2021, quizás se fuera en volandas o a trote de transbordador espacial al cielo de su preferencia junto a la abuela Yaya y a Mamá Yudi (extraño parentesco respecto a la peludita, puesto que ambas eran hermanas de sangre en el mundo de los humanos que mientan el real). 

Yo ya había escrito en mi primer blog una crónica social a propósito de sus primeros seis meses de edad, que en términos humanos vendría siendo tres años y medio. Era una sátira Baby shower canino sin apellidos oligarcas ni locaciones del jet set en Valencia de San Simeon el estilita o la de Venezuela. He aquí el link de la crónica popular y de arrabal digna de una presentación en la Iglesita de la Avenida San Juan Vianey del Municipio Valencia, Parroquia Miguel Peña.

http://salmoscompulsivos.blogspot.com/2008/08/karen-ii.html?m=1

Aclarado el pedigrí de la protagonista de esta nota anti-necrofílica, desarrollemos a continuación su biografía a modo de anecdotario en familia.

Llegada a nuestra casa antes de que fuera la Cueva de Platón

Como nuestra primera mascota, Karen 1, otra perrita mestiza entre poodle y pequinés, murió longeva en casa, mi esposa Yudi que le había tomado más cariño que a mí, su buena razón tendría, planeaba regalarme su sustituta. Luckie, la mascota de mi cuña Yajaira y mi sobrina Angélica, parió su primera camada. Por lo que las hermanas Yaya y Yudi me pusieron a elegir vía catálogo electrónico. Entre una cachorra manchada y la otra blanca, opté por la segunda no por blanca sino por loca. 

Una mañana llegó Yaya con la bola peluda alba en su mano zurda sobre un pañuelo estampado. Me enamoré de inmediato de la cachorra recién destetada. Dormía la siesta con la nueva heredera de mi virreinato proletario, hasta que ametralló con sus colmillos de leche mi montura italiana de lentes a lo Antonio Gramsci, mi intelectual comunista y orgánico favorito. Ya sospechaba que además de loca, la perrita era anarquista.

Antes de proseguir, una aclaratoria necesaria

Mis lectores, aguardando una reseña al poeta Antonio Trujillo o, por lo menos, la continuación de mis crónicas de abril lunático, se preguntarán a qué tanto jaleo con dos pulgosas que se llaman igual y se numeran como reclusas en el Cuartel San Carlos, una tras la otra. Ya les digo. No es un homenaje bestiario y poético para que el lector llore y me aplauda, sino una metáfora histórica de nuestra Matria, Venezuela. 

Ambas constituyeron los extremos abiertos de un intervalo histórico y contemporáneo. Karen 1 nació con la muerte de la cuarta y el alumbramiento de la quinta república: triunfo electoral de Chávez, la vaguada de Vargas, Constitución de la República Bolivariana, golpe del 11 y embarrada del 12 y rescate del soldado Hugo el 13 de abril de 2002. 

Mientras que Karen 2 nació con el revocatorio fallido a Chávez, la muerte del caudillo de Barinas, la sucesión de Maduro, las guarimbas, las pavadas de Pedro Carreño y Leopoldo Lopez, el bloqueo, la guerra económica, más pavadas de Ramos Allup y Pascualina Curzio y María Corina Machado, las delpinadas líricas de Winston Vallenilla y Jorge Palacios,  el reino virtual y pesetista de Guaido, otra Constituyente y el covid-19.  

Disculpen si la enumeración se parece a la canción We didn't stop the fire de Billy Joel. Cada bestiecilla ladró y mordió en el desmadre de la República Petrolera, pues. Son bellos animales con contexto histórico, después de todo.


Juventud y adultez en casa Yuca (nombre compuesto a raíz propietaria de Yudi y Carlos, sus reyes católicos venidos luego a menos con la crisis)

Karen 2 fue una niña de su casa. Entrenada por Yaya, fue muy pulcra. Tenía como baño el papel periódico reciclado que ambos leíamos juntos previamente, eso sí, para estar al día con el despropósito del mundo. No se agachaba para orinar, sino levantaba una patica trasera por razones higiénicas y coquetas. No quería ensuciarse su falda de algodón blanquísimo. 

Se mantuvo virgen toda su vida porque Yudi quería ahorrarle dolores de parto, desengaños amorosos, tetas deformadas e hipertrofiadas y no se sabe qué otra superstición bestiaria que la perjudicara. A falta de macho, bueno es el protectorado matriarcal.

Cuando me sentaba en el escalón del porche, montaba para mí su spa instintivo y reparador: Me masajeaba la espalda con su nariz fría y lengua tibiecita. Era por sí sola las aguas termales de Trincheras a domicilio, el suyo y el mío. A Yudi, en sus últimos días, le lamía la cara distendiendo su alma. Llenaba de besos sus ojos pero la mágica peludita no pudo restituirle la vista ni curarle la diabetes que nos la arrebató del mundo de los vivos y los muertos vivos.

Ambos, por nuestra constitución nerviosa y luego pacifista, odiábamos a muerte los explosivos de las fiestas navideñas y también los bombardeos quirúrgicos en Medio Oriente, especialmente en El Libano, Siria y la Franja de Gaza. 

Y tenía una percepción extrasensorial colindante con el Amor Loco del que siempre me gusta hablar. Yaya que iba a ayudarnos a Yudi y a mí en la limpieza de la casa de Bella Florida, cayó enferma de cáncer y no regresó del Hospital Carabobo, hasta que siguió a mamá Blasina y papá Enrique Marín, entre otros espíritus libertos, al Paraíso de sus ensoñaciones. Unas noches después, Karen se plantaba ante la puerta de la casa, del lado de la sala,  porque veía a Yaya como si quisiera entrar y no podía a falta de llaves. 

A raíz de mi crisis depresiva de hace tres años, que me tuvo dos fuera de casa, no la vi más bailando el rabo como Argos ante Ulises. Se la llevó Angélica a la casa donde nació, donde seguía a Yaya andando y desandando, oficiosa como siempre. Sólo la peludita la podía ver y olfatear desde su descanso eviterno al otro lado de la realidad, también muy suya. 

Después de engordar de lo lindo, dormir la siesta a pata suelta en el piso de granito y, mejor aún, casi todas las noches con Angélica en la comunidad de una cómoda cama, TV por cable y aire acondicionado, nuestra Karen decidió mudarse a la Nueva Jerusalén de nuestra memoria.

martes, 20 de abril de 2021

Tratado de angelogia I-IV. Jose Carlos De Nobrega

 He aquí las cuatro entregas de mi tratado de Angelogia publicadas en facebook recién. Al igual que mi escritura de homilías y sonetos apestados, no creo que sean apestosos, los ha movido la fluencia benéfica de las mujeres en este recodo adulto, no adúltero porque las amo a todas, de mi vida estos días. Me declaro, además de escritor católico anarcoteísta, un escribidor que adora a la Tía Julia y a la Tía Tula. Y que me critiquen mi querencia y escritura que tanto disfruto y me mantiene en pie.

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En facebook se había titilado y titulado Teoría y tipología de los ángeles. Espero lo disfruten en bloque.

Esta foto me la mandó mi consentida hermana menor, insisto, mi poeta mayor en erótico apego a la Vida. Ah, carah, no sabía que tenía esta legión de hermanas en Puerto Cabello.