¡No se pelen este trabajo de Víctor Morles! Este extraordinario músico venezolano y su banda Natural nos ofrecen su segunda producción musical, "Joropos", un homenaje al joropo mirandino y a referentes contemporáneos como el Grupo Un, Dos, Tres y Fuera. Esta fusión del golpe mirandino, el jazz, el ska, la música clásica y afrocaribeña nos recuerda gratamente a Aldemaro Romero y el gran Vytas Brenner. Disfrútenlo y bailen escobillao. ¡Salud, Afición! El Administrador del Blog.
Segunda incursión bloguera para beneplácito de lectores y seguidores. La primera versión [http://salmoscompulsivos.blogspot.com] cerró un ciclo importante en mi vida. Espero contar todavía con la complicidad de los amigos actuales y los que vendrán. ¡Salud, afición!
sábado, 14 de enero de 2017
domingo, 8 de enero de 2017
LA MUERTE DE LA REPÚBLICA PETROLERA
José Carlos De Nóbrega
¿Y quién más que la muerte nos
podía cantar? / Tarareamos este mundo de petróleo / Perdido el rostro la
identidad el nombre. J.M. Villarroel París.
Es menester retirarle el respirador
artificial a la República Petrolera, distanciándonos de cualquier ejercicio
retórico que oculte el despropósito político y los intereses económicos
malsanos. La cultura alienante del petróleo, el consumismo que aún entraña, los
fallidos planes de desarrollo de la nación, la corrupción y el empoderamiento
de las roscas político-empresariales nacionales y foráneas, son síntomas
esenciales de la enfermedad terminal de larga data que nos carcome sin piedad.
El obsceno tutelaje transnacional de la industria impuesto por el Gomecismo, la
nacionalización chucuta de 1976 en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez,
el caso del petro-espionaje en los años ochenta, la Apertura Petrolera en el
segundo gobierno de Caldera y el golpismo petrolero de 2002-2003, constituyen algunas
situaciones puntuales que forman parte de nuestra Historia Socio-económica y Clínica.
Carlos Mendoza Pottellá en su reciente libro “Vigencia del nacionalismo
petrolero. Dos ensayos” (2015), propone que el nacionalismo petrolero no está
reñido con una óptima gerencia de la industria ni con la contraloría social de
sus operaciones. Por supuesto, nos urge que la población conozca de primera
fuente el devenir de la actividad petrolera en Venezuela, sin la intromisión
perjudicial del discurso mediático antinacional. Insistimos en la lectura
comprensiva tanto de la ensayística del petróleo [con sus Uslar Pietri, Domingo
Alberto Rangel, Héctor Malavé Mata, Sader Pérez, Orlando Araujo o Pérez
Alfonzo], como de la literatura [Díaz Sánchez, Otero Silva, Cubagua de Enrique
Bernardo Núñez o la poesía de Villarroel París] y el cine documental de Jesús
Enrique Guédez.
No se trata de deponer a la industria del
petróleo como palanca importante de un desarrollo integral y sustentable de la
República. No apostamos por un fundamentalismo ecologista ni por la reedición
de una explotación intensiva propia del neocolonialismo. Parafraseando a
Mendoza Pottellá, desmontar la mitología de la República Petrolera [el adelanto
de la reversión y la apertura petroleras a partir de 1976] traería consigo no
sólo reducir la carga fiscal que pesa sobre Pdvsa, desbaratar el control
politiquero de la industria y realizar la reinversión en el sector, sino
especialmente propiciar cambios sensibles en el modo de producción
socioeconómica en todos los órdenes. Se ocasionaría un cataclismo en el
Capitalismo de Estado y el parasitario de los empresarios maulas: El Estado se
dedicaría a mejorar ostensiblemente los servicios públicos como la educación,
la salud, la justicia, la electricidad, el agua y las comunicaciones; mientras
que la actividad privada se desarrollaría eficazmente en un mercado relativamente
sano que diste del proteccionismo, el excesivo intervencionismo gubernamental y
el doble discurso de la competencia económica emitido por las transnacionales.
Sembrar el petróleo en el contexto de los conflictos de intereses políticos y
económicos, ha de apuntar a la diversificación de la economía en términos
realistas que procuren abatir a los oligopolios de siempre.
Dejar morir al rentismo petrolero, no será
viable si no oficiamos una misa de difuntos al ejercicio político de oficio, de
por sí despolitizado en la auténtica acepción de la palabra Política, además de
su funcionarismo hipertrofiado e inútil que le chupa el lomo. Las comunidades
organizadas representan la instancia superior de combate a los cogollos
partidistas, las sociedades de cómplices invasivas y la cultura del petróleo
denunciada por nuestra intelectualidad de raza. ¿Por qué no infiltrar una
contracultura del petróleo [ajena al consumismo] en los aparatos ideológicos diseñados
por el Estado burgués? ¿No le sale a la población boicotear decididamente este
especulativo mercado negro en el que redujeron al país? Cuando la
intermediación o gestoría política no deshace los entuertos, se enculilla con
la reacción desesperada o concienzuda de la ciudadanía. De manera que no la empuja
a vender la primogenitura por un plato de lentejas. Los piqueteros sacaron a De
la Rúa de la presidencia de Argentina, sin que la policía ni el ejército los
disuadieran. La rebelión y el cambio social no pueden limitarse a un par de
manchas de tinta sobre el papel, ello en el egotismo unidimensional y fútil de
la pluma. Como lo observa Manuel González Prada, la libertad de expresión sin
la de acción sacrifica la solución definitiva de los problemas a expensas de lo
accesorio.
No perdamos el tiempo, puesto que es hora
de preparar las pompas fúnebres del Rey Petróleo para aparejar un díscolo país
distinto al desmadre de hoy.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
JESÚS ENRIQUE GUÉDEZ: CINE Y POESÍA. JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA
JESÚS ENRIQUE GUÉDEZ: CINE Y POESÍA
José Carlos De Nóbrega
Al desamparo crecíamos y así fuimos
procreados. Jesús Enrique Guédez.
El cineasta y poeta Jesús Enrique Guédez
(1930-2007) es un caso afortunado de integración de las artes en Venezuela. Oscar
Garbisu nos advierte que su obra cinematográfica documental y de ficción está
tocada decisivamente por un aliento poético muy personal. Por otra parte,
Edmundo Aray deja una propuesta que nos parece pertinente: la edición de sus
films en CD y DVD, amén de la publicación de un libro especial contentivo de
sus reflexiones sobre el oficio artístico y los ensayos críticos acerca de su
obra literaria y fílmica. Por nuestra parte, hemos revisitado hace poco algunas
de sus películas documentales disponibles en internet. También rescatamos del
sueño bibliotecario su libro de poesía “El Gran Poder” (1991), el cual incluye
textos provenientes de los poemarios “Las Naves” (1959) y “Sacramentales”
(1961). No obstante la temática urbana de muchos de sus cortos y mediometrajes,
subyace en ellos la tensión entre el campo y la ciudad patentes no sólo en el
devenir de la República petrolera, sino también en el curso y el caudal mismo
del río que es la poesía venezolana.
Permítanos esta contingente panorámica del
cine documental de Guédez. “La Universidad vota en contra” (1969, 16 mm, B/N,
20 min) trasciende el registro de un proceso electoral universitario: Se
convierte en crónica y ensayo fílmico del proceso de Renovación universitaria
en Venezuela que acompañó al Mayo Francés. Hay un manejo notable de la entrevista
[por ejemplo, la de Jorge Rodríguez padre], la crítica materializada en el
cartel y la asunción de una pedagogía política liberadora. “Desempleo” (1970)
es un documento mordaz y rebelde que trata el tema en un collage integrado por
cuadros estadísticos a modo de pintas políticas en la pared, la entrevista no
estructurada que da nombre y visibiliza al desempleado César Quintero, y una
escena en la que un ciego encarna la informalidad cantando cuadros hípicos
sellados del 5 y 6, como si fuese un lienzo de Zurbarán o una novela picaresca.
“Bárbaro Rivas” (1968, 16mm, 6 min) deja respirar la pintura inquietante y
maravillosa de este profeta de Petare, detalle a detalle, sin la intermediación
de voz autorizada alguna. Sólo auscultamos el corazón salvaje del artista en un
rosario de frases líricas, esclarecedoras y esquizoides apenas perceptible.
“Pueblo de Lata” (1972, 16mm, B/N, 20 min) constituye una muestra
imprescindible del género en América Latina: El campamento o barrio periférico
fundado por el éxodo campesino, es un poema objeto que nos remite a la pintura
de César Rengifo y las calacas de José Guadalupe Posada. El collage alcanza la
madurez de la profecía política y la didáctica revolucionaria que reconviene a
los poderes fácticos, tenemos entonces una cartilla crítica y rebelde como la
del poeta Lêdo Ivo; en este caso prevalece la crudeza de la imagen y el ritmo
del montaje, los carteles increpantes, además de la mixtura paródica del cómic
y la caricatura que nos conduce al humorismo negro y atrabiliario. El arte
pobre [verbigracia Claudio Perna] no responde sólo a la precariedad de los
recursos, sino más bien concluye que no hay virtuosismo que sublime a la
miseria. “Testimonio de un obrero petrolero” (1978, 16 mm, color, 40 min)
explora el poco tratado tema petrolero por el arte venezolano. Documental
invaluable preñado de la magia poética y argumental de Guédez: el margariteño
Manuel Taborda [quizás uno de los buzos vindicados en la novela “Mene” de Díaz
Sánchez] desarrolla en la puerta/pizarra de una Guacharaca, la didáctica del
presidio y la represión obrera en el campo petrolero con sus grillos y cepos de
pies y pescuezo. Se trata de una clase sin par sobre la esclavitud asalariada y
las castas del petróleo, en la ausencia de la intelectualidad tarifada. Las
fotos fijas y antiguas fungen de divisiones capitulares [Primer trabajo,
Primera protesta, La Guacharaca, Huelga del Garaje], titulación complementada
por películas de época. Apostilla del poeta Guédez mediante: “Mitologías de mi
primer film de pozos petroleros y bañistas desnudas con gesto de otro idioma”.
En el formato de video, Jesús Enrique
Guédez destaca en la celebración de la palabra de nuestros más queridos
escritores y poetas. “Miguel Ramón Utrera” (1991, 20 min) ratifica su maestría
en la entrevista no estructurada a la manera de un diálogo sabroso y
desenvuelto. La austeridad técnica, aliñada con los Cuartetos 1 y 5 de Mozart,
apunta a la transfiguración lírica del paisaje por vía de la voz campesina y
exiliada de Utrera que dialoga con la del mismo Guédez [viaje por carretera
vieja a San Sebastián de los Reyes y Puerto Nutrias, respectivamente]. También
coinciden en la categorización metafórica de las Sombras multiplicadas en las
dictaduras, la crápula de los partidos políticos y los burócratas, asimismo los
espejismos de la prosperidad embustera del petróleo. Que “Nocturnal”
(1936-1940) y los “Poemas Informales” de Utrera, más los poemas en prosa de
Guédez en “Sólo quiero ver un eclipse” que retrotraen a Rulfo y Armas Alfonzo,
engorden el ojo del espectador agradecido. “José León Tapia” (2000, 22 min) es
otro diálogo revelador y libertario que se regodea en el mundo de los muertos y
los fantasmas: Los personajes históricos y de ficción pueblan novelas
inquietantes y febriles, en la soledad del luto paterno y la reconstrucción de
la muy castigada Historia de Venezuela. Se deja respirar la pasión de Tapia por
el país [con sus esperanzas frustradas y sus vencidos], escondida en los
bolsillos de su guayabera blanca. Nos canta Guédez: “Hablen. Acorralen la
soledad. Oh esa palidez de las instalaciones de carburo que recorre los amplios
corredores de mi infancia”. “Juan Sánchez Peláez o la amistad de los poetas”
(2004, 31 min) complementa la voz de este poeta con los testimonios de Malena
[su esposa quien dice: “Tengo la mufa negra porque Juan se va”], Eugenio
Montejo, Luis Alberto Crespo, Jesús Sanoja Hernández y Adriano González León en
una tierna tertulia colorista. Finalmente, “Saludos, precioso pájaro” (2005) es
un corto intenso, poético y amoroso en el que la ternura sin igual de Ramón
Palomares recorre el páramo, las calles empinadas de Escuque y el ámbito íntimo
de su casa donde siempre resbala y recala la llovizna. El fundido encadenado,
el plano detalle dulce de las manos de Ramón, la música de los Violineros de
Trujillo y el tremor emotivo de la cámara en mano que parte del espejo y se
aleja buscando el cielo, corresponden con el personalísimo vínculo indisoluble
entre la Poesía y el Cine. ¡Saravá! Valencia, sábado 24 de septiembre de 2016.
DOS FILMES DE MIGUEL GUÉDEZ. JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA
DOS FILMES DE MIGUEL GUÉDEZ
José Carlos De Nóbrega
Ni la clase media ni la burguesía
nacional, por lo tanto la revolución, como el cine, dialoga entonces con las
fuerzas potencialmente revolucionarias de la sociedad. Julio
García Espinoza.
Miguel Guédez (Caracas, 1983) es un joven
cineasta de raigambre popular divorciado, claro está, del populismo y la
consolación en el campo de la política y el arte. Si bien hijo y heredero de la
obra de su padre, el cineasta y poeta Jesús Enrique Guédez, él nos ha
demostrado con sus propios films una personalidad indiscutible que no comulga
en el parricidio simbólico ni en la santificación estéril de su antecedente. Su
propuesta apunta al desmontaje crítico de los equívocos históricos de su entorno,
la desconfianza de toda referencia ideológica en tanto falsa conciencia y la
dinámica transparente de su discurso cinematográfico. En un artículo publicado
en la extinta revista “Se Mueve”, n° 1, enero-febrero 2011, abomina del imperio
de los artificios técnicos en la ausencia del corazón creador: “¿Por qué nos
cuesta tanto permitirnos reír como reímos, llorar como lloramos y hasta matar
como matamos?”. Las interrogaciones, desprovistas del dramatismo romántico, se
reconvierten en una poética posible de un cine alternativo, inquisitivo,
popular y rebelde.
Tomemos dos de sus películas recientes en
internet: “El cine político de Guédez” (2013, documental, 24 min) y EX (2015,
ficción, 13 min). En el primer caso, tenemos una aproximación apasionada pero
no apologista a la obra cinematográfica de Jesús Enrique Guédez. Nos parece un
ensayo fílmico que permite la respiración de los entrevistados en torno a
nuestro autor fílmico y literario, además del flujo vivaz de las imágenes de
archivo seleccionadas y montadas con suma precisión y estupendo pulso rítmico.
La visión panorámica del tema, si bien cronológica, se despliega en el soporte
y la disposición argumentativa del discurso documental que sugiere la revisita
de los aportes de Pasolini [en torno al cine poesía], Pío Baldelli [el cine
político y el mito de las superestructuras], Julio García Espinoza [cine
revolucionario] e incluso el manifiesto del cine pobre de Humberto Solás. Por
fortuna, sin incurrir en los vicios de la cita culterana como trampa
academicista e ideologizante: El realismo crítico, poético y popular de Jesús
Enrique Guédez se desenvuelve en la vitalidad de los niños que simulan en el
barrio fusilamientos y juicios sumarios a la pobreza; los autorretratos del
desempleado, la madre proletaria y el obrero petrolero que son reivindicados en
una estética de la fealdad afín a Baudelaire y Pocaterra [pues la gente se ve y
reconoce en el film sin intermediación alguna]; los cartelones, las pancartas y
el estrépito del megáfono como recursos de insurgencia; o la fusión del
compromiso político y el aliento poético arrebatador de “El Iluminado”, su
único largometraje de ficción. Por supuesto, se trata de visibilizar al
atribulado ciudadano a campo traviesa, sin la estridencia de los efectos
especiales de la industria cinematográfica, ni las líneas editoriales de los
medios y redes sociales en las peores manos. Ensayado y ensayista se
reconcilian en hacer estallar las calles con un cine díscolo y logrado.
El cortometraje de ficción “EX” no escapa
tampoco a las preocupaciones por el país y su coyuntura histórica patente en el
desmadre socioeconómico y el despropósito político. Revela las contradicciones
y la decadencia del modelo rentista petrolero, con sus altas dosis narcóticas
de consumismo y la débil diversificación productiva. Protagonizado por un
magnífico Roger Herrera y un flemático Jean Franco de Marchi, el film establece
el duelo silente entre el ex guerrillero y el corresponsal extranjero en el
caos ruidoso, carnavalesco y descoyuntado de la República petrolera. Los
monólogos de ambos comprenden los murmullos bipolares del insurgente aindiado,
vencido y traicionado, amén del fluir apolíneo [¿liberal?] de la conciencia del
periodista carente de certezas cual cronista de Indias. Incluso llama la
atención la bibliografía de bolsillo que esgrime cada quien: en el caso del ex
combatiente el “Anti-manual” de Ludovico Silva, garrote heterodoxo contra el
estalinismo y el realismo socialista; y en lo que toca al pérfido reportero
protestante, “Los caminos de la libertad” de Bertrand Russell, encrucijada del atomismo
lógico y el pesimismo en torno al abuso de la ciencia que reedita al Stevenson
de Doctor Jekyll y Míster Hyde. Simón Bolívar, mediatizado y manipulado desde
1830 por inquisidores políticos impresentables, no es más que un espectro
silencioso ante la cefalea taladrante del marginado en el teatro de las
ilusiones más decepcionante. Sin embargo, Miguel Guédez no desmaya en las
inhóspitas locaciones de la nación y el continente, pues el maremágnum del
debate en medio del escurridizo y escindido momento histórico, es caldo
propicio para la configuración de una perspectiva cinematográfica de clase.
sábado, 3 de septiembre de 2016
PABLO NERUDA O DEL CREPÚSCULO CANÍBAL. José Carlos De Nóbrega
PABLO NERUDA O DEL CREPÚSCULO
CANÍBAL
José Carlos De Nóbrega
1.- Crepusculario (1923) es
el libro inicial de Pablo Neruda que nos mueve todavía a la más inmediata
simpatía. Este poemario de formación, no obstante la fluencia discursiva del post-romanticismo
y el modernismo hispanoamericano, prefigura una voz lírica muy personal en
sostenida, contingente y humanística construcción. El conjunto que se equipara
a un Pentateuco terrenal, intercala la versificación uniforme [ESTA IGLESIA NO
TIENE], la atenuación paulatina de la rima [GRITA] y el verso libre [SI DIOS
ESTÁ EN MI VERSO]. La lectura compulsiva de los poetas que le antecedieron y,
en especial, del paisaje marino y humano que invoca al Pacífico Sur amado por
Chile, no es un pretexto para cometer el parricidio del poema padre como tal,
ni mucho menos componer apologías ideológicas que esterilicen el discurso
poético. Por el contrario, delata el corazón de una propuesta lírica ambiciosa
y centrada por venir que se consolidaría en los puntos altos de “Residencia en
la tierra”, “Canto General” y “Odas elementales”. FAREWELL, por ejemplo, es un
gran poema amoroso que se cuece al calor de la Paradoja y cuyo tenor dialéctico,
transparente y esencialista se desarrollaría en títulos como “Veinte poemas de
amor y una canción desesperada” y “Cien sonetos de amor” [estos hitos amatorios
de la obra de Neruda siguen siendo veta propicia a merced de plagiarios, poetas
malagradecidos y usuarios urgidos con justicia y toda razón en los menesteres
de la seducción]. Su “desconsolado jardín adolescente” tiene como fondo la
luminosidad y el colorido crepuscular: El motivo paisajístico y la plasticidad
de la imaginería juvenil salen bien librados, tanto en el poema que se enamora
en la intensidad erótica como en el lienzo que se solidariza con el Otro, el
semejante más desamparado, esto es el campesinado, el ciego de la pandereta o
los jugadores que rumian la distracción de la mala fortuna. PELLEAS Y MELISANDA
se nos antoja un libreto para marionetas afín a la endecha, la elegía y el
melodrama operático mediterráneo. No en balde sus inconsistencias, el poeta
chileno va aprendiendo la vinculación del concepto emocionado con lo musical y
lo objetual, de manera que el poema trascienda y revoque las especulaciones totalizadoras
que encorseten las maravillas del mundo.
2.- Veinte poemas de amor y una
canción desesperada (1924), sin importar la depreciación del
tiempo, ni mucho menos el conservadurismo de la recepción adulta propia o ajena
que naufragan en la fama y el mercadeo, significó para el Neruda maduro la
fuerza originaria que lo seguía atando al crepusculario entusiasta, su
paisajística marina amenazante, el ardor amoroso y la pasión que justifica la
resurrección poética y vital de todos los días. Nuestros padres y hermanos mayores
–consanguíneos o no-, nos recitaron alguna vez poemas enteros como el 15 o el
20 [en este último caso, mi madre acompañaba en portuñol la versión baladista y
chilena de Ginette Acevedo en acetato, mientras acometía los oficios del hogar
caraqueño]. Sólo esperamos que ni a Chino ni a Nacho se les ocurra una adorable
y sosa versión de cualquiera de estos poemas en el marco de la musicalidad
idiota con la que han atrofiado los oídos de más de uno. Despojándonos de
nuestra lengua extraliteraria y malhablada, el discurso amoroso y erótico se
regodea esta vez en la salivación y la lubricidad de la contradicción, la
asonancia, la aliteración y la paráfrasis de poetas como Tagore o Shakespeare. El
conjunto, si nos atenemos a uno de nuestros poemas preferidos –el 8, abeja que
abreva y zumba en deliciosa sinestesia-, se asimila a una Colmena dorada y
mestiza de veintiún celdas que guardan la miel agridulce del vocerío caótico a
ser doblegado y reivindicado por la poesía auténtica: “Ay seguir el camino que
se aleja de todo, / donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno,
/ con sus ojos abiertos entre el rocío”. Tránsito de los amantes que brinca del
Jardín de las Delicias del Bosco en toda su concupiscencia rebelde,
revolcándose en el expresionismo de Klimt, hasta regresar al Paraíso
condicionado del Edén esbozado por Miguel Ángel: “Cantar, arder, huir, como un
campanario en las manos de un loco”. Se nos propone sobresaturarnos de amor,
ello en la sucesión caótica de símiles que nos dibujen a la amada en cacofonía
ebria.
3.- Cien sonetos de amor (1959), si bien es un libro de madurez, nos
cautiva por el tratamiento dinámico, personalizado y sentido del género
literario que es el soneto. Esta ejemplar revisita y revisión a los poetas
clásicos como Shakespeare, Góngora y Garcilaso de la Vega, se emparenta con la
reivindicación clásica y la experimentación en los compuestos por Lêdo Ivo, la
fidelidad gongorina muy personal de Ana Enriqueta Terán vertida en el gato y el
caballo blanco, o los desconcertantes sonetos imbrios de Rafael José Muñoz. El
Sonetario de Neruda, bien enhebrado en el verso libre y diáfano, constituye un
conjunto híbrido que suena a Diario y a Epistolario que registran la comunidad
amorosa que construyó en tiempo real con Matilde Urrutia, eso sí, en los giros
efusivos, contingentes y divergentes de su cotidianidad. La diversidad
apasionada del afán amatorio de la voz poética, no desdice la lectura atenta
del conceptismo barroco de Miguel de Guevara y Sor Juana Inés de la Cruz
[soneto XLIV], ni el panteísmo lírico y paisajístico de la lírica greco-latina,
mucho menos la consideración de Catulo como voz amorosa que elogia la cabellera
de Berenice [soneto XIV] o la transfiguración de su peculiar procacidad
políticamente incorrecta [soneto LVII, “Mienten los que dijeron que yo perdí la
luna”]. La literatura auténtica es la metáfora multidimensional que más se
aproxima a los libros vivos que son los seres humanos. El versolibrismo no es
un experimento gratuito ni egocentrista, pues se reconstituye como vehículo
inherente a la expresión amorosa que se afinca en el milagro opuesto a la
cosificación fetichista y represiva del amor erótico. En este caso, la Paradoja
excede los devaneos y tanteos semánticos inútiles, pues se trata de una
aproximación vitalista a las ceremonias de seducción, contristación, goce
carnal y despecho en el vínculo significativo de pareja. El poemario comprende
cuatro partes que connotan no sólo el transcurrir del día, sino la simulación
magistral de los sentimientos encontrados que entraña la comunidad bipolar y
asombrosa de ambos amantes: Desde el madrugador Soneto Caníbal [XI],
atravesando a nado enamorado los textos solares, hasta los nocturnos como el XC
que nos muestra al Amor y a la Muerte bailando un tango estremecedor en comandita
macabra o, mejor todavía, el siguiente soneto que nos pinta a la vejez en tanto
depreciación implacable de los cuerpos: “Y aún allá abajo el tiempo sigue
siendo, / esperando, lloviendo sobre el polvo, / ávido de borrar hasta la
ausencia”. Sin embargo, el numerado XCVI, apuesta no sólo por la resurrección
sensual de la carne, sino también por la renovación espiritual y estética que
traiga consigo el cambio endógeno que invada al mundo exterior con alegría
subversiva: “Y cuando esté recién lavado el mundo / nacerán otros ojos en el
agua / y crecerá sin lágrimas el trigo”.
4.- Para nacer he nacido (1978) es
un compendio póstumo estructurado en siete cuadernos a la manera de un collage
textual de diversas fuentes hemerográficas, bibliográficas y oratorias. Este
sancocho cruzado transgenérico comprende la prosa poética juvenil, los apuntes previos
a toda autobiografía, los manifiestos políticos, y el libro de viajes de
diversas estaciones y etapas [convoca al dandy adolescente, el sibarita, el
poeta conmovido y el duro militante comunista de la madurez; sin embargo, estas
personalidades díscolas apuntalan el asombro del escritor ante el mural
abigarrado de la Geografía Humana]. Asimismo, sublimados por él mismo las
ojerizas y los odios personales, no podemos obviar las nítidas, agradecidas y
solidarias aproximaciones a poetas y escritores amigos como Gabriela Mistral, Federico
García Lorca, Vladimir Maiakovski, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Miguel
Otero Silva y José Revueltas. En otros términos, este libro misceláneo, además
de astillar subrepticiamente al Neruda legendario e hipertrofiado exponiéndolo
en su más franca y desnuda humanidad, nos permite acceder a una prosa vibrante
que atraviesa el laberinto discursivo desde la Elegía hasta la Apología festiva,
en ambos casos de una transparencia que no contradice algunos excesos retóricos
muy suyos, pues Don Pablo sigue pretendiendo encontrarse en el influjo tierno y
épico de Homero hasta en “sus palos de ciego”.
En
Valencia de San Desiderio, martes 12 de julio de 2016.
POR UNA CONTRAPOESÍA DEL MUNDO. José Carlos De Nóbrega
José Carlos De Nóbrega
En la infinita profundidad del
odio, en el fondo de ese infierno puede aparecer Dios. El odio tiene la fuerza
de la muerte, el odio ama. Enrique Mujica.
“Poesía para Presidentes” (2016), el libro
más reciente del Gallo Mujica con la complicidad editorial de Luis García,
representa el zapatazo que se estrella en la delicada cristalería de la tienda
de abarrotes en que se exhibe el Lenguaje del Engaño. El tono vehemente simula
un egotismo muy latinoamericano que se ata al cuello una piedra de molino para
sumergirse en las tripas amargas de la Bestia. Se nos antoja un Ejercicio
Espiritual esperpéntico muy ilustrativo que desdice las formas barrocas que entenebrecen
el entendimiento y los sentidos: “Porque la lírica de adorno, confeccionada a
espaldas del Engaño que produce la GUERRA, es como una ropita de encaje que le
ponen al perro, porque el perro no necesita de estas líricas aunque parece que
le gustan”. Acredita en lo políticamente incorrecto y el humor negro de Rufino
Blanco Fombona, Manuel González Prada y las deconstrucciones poéticas de Juan
Calzadilla, para sacudirnos la abulia bovina que nos apendeja en las colas
peripatéticas del mercadeo bachaquero, la arterioesclerosis vial e informática,
la banalización discursiva y mediática, amén del esclavismo asalariado e
ideológico. Este impecable, llagado y transgenérico corpus poético en prosa, no
se guarda ningún recurso expresivo ni apuesta por un humanismo blandengue: Desde
la hipérbole conceptual y expresiva hecha implosiones satíricas; demoliendo los
mitos mal curados en el despropósito, por vía de la simulación y falsificación
de los accesos proféticos y las embusteras Teorías Conspirativas que tanto
distraen a la envilecida manada; hasta el uso abusivo de diminutivos, giros
coloquiales y frases despectivas que importunan a poetas afectados que todavía
reverencian a los poderes fácticos.
El universo poético y narrativo de Enrique
Mujica es coherente, plural y poderoso en función de sus inflexiones, su
polifonía y la puesta en escena franca y lúcida [ángel caído en el desengaño]
de sus contradicciones propias muy bien desenvueltas. A tal efecto, es menester
una lectura inconformista, atenta y solidaria de títulos como la novela “Acento
de Cabalgadura” (1989), “Obra Poética 1970-2000”, “Poemas del Decir” (2005) y
los relatos breves de “Cartel de Feria” (2012). La mezcla sabrosa y contingente
de los géneros, el auténtico afán custodio de las metamorfosis de la literatura
universal, la reconstrucción del habla campesina octosílaba en cuentos y coplas
picantes, además de la transparencia en el Decir llano, no sólo prefiguran sino
subyacen en este libro incendiario que dispensa la iluminación del espíritu en
la consideración viva del encandilamiento extremo. Qué les parece esta
incursión en el Aforismo comentado que lo vincula y lo confronta con el
conceptismo de Gracián, el vuelo lírico ebrio de Gómez de la Serna y las
airadas polémicas que telegrafía Nietzsche desde “Ecce Homo”: “La parvada de
poetas exquisitos y aristocráticos comen de la ceguera, del échale leña al
fogón de la cultura. Ríos y lámparas y cómo será que ya no sé de cuánta vaina
en un rebulicio de papeles y gárgolas y pinturas empegostados por la brevedad
de la vida”. De paso, este poema en prosa empalma con los Aforismos de caballo
de Drummond de Andrade o la Poética libertaria de Bandeira que desbarata el
croar monomaníaco de ciertos batracios en el solar de los aburridos y los
lánguidos. No obstante, el viejo y mañoso arpista que nos aturde con el mismo e
insomne joropo, replica cruel: “Güevonese y no baile”.
Esta solicitud inútil de audiencia
presidencial, no es más que una invectiva anarquista pura en la tradición de
las molotov de González Prada [“En compendio: el escritor debe inferirse en la
política para desacreditarla, disolverla y destruirla”]; la revisión, índole
provocadora y contratransferencia del pensamiento reaccionario de Joseph de
Maistre por Cioran; e incluso la imaginería rebelde de Daumier, José Guadalupe
Posada y Bruno Schulz con sus perturbados giros terroristas. La ironía e
impostura de la literatura instructiva [patente en los manuales de filosofía
política, panfletos y libros de auto-ayuda], constituyen el pincel, el buril y
el puñal que evidencian descarnadamente el funcionarismo, el terrorismo de Estado
y sus mercenarios de ocasión: La problemática del mundo, la superpoblación, la
inflación inducida por los modos de producción capitalistas y estatistas, el
tratamiento misógino de la mujer y el malestar del lenguaje engañoso, son temas
trillados que este Decir desencantado trocea impune y despiadadamente. El juego
con la diagramación magistral del texto, el uso subversivo de las mayúsculas,
las acotaciones y las negritas va con la bien tramada estructura conceptual de
esta Isla portátil y escurridiza. La desilusión ideológica [falsa conciencia] y
estética [liriquetas de seda], anda desnuda en el Sambódromo estridente,
ridículo y sobrevestido que nos proveen los Grandes Inquisidores o Engañadores
Universales que imponen el Lenguaje dominante: “El atajaperros mundial es la
pandemia por excelencia. La sociología, la antropología y todas las ciencias
humanas se refieren ingenuamente al espectáculo, reportan camarográficamente el
espectáculo”. Al punto extremista de parodiar a San Juan de la Cruz: “Bueno, no
hay más, empuja tu mundo sin matarte mucho, que es manera sabia de seguir no
sabiendo”. ¿Acaso la cueva de ladrones en la que nos movemos hoy, no hermana a
ricos y pobres en la práctica cotidiana de esquilmarnos y pelarnos las escamas
los unos a los otros? Resulta notable el colofón apocalíptico y musical del
conjunto: La prosa muta en fin de fiesta donde conviven y hembrean Catulo,
Daniel Santos, los poetas goliardos y la sección de metales dirigida por el
apóstol Juan [la trompeta de Luis “Perico” Ortiz y los trombones de Barry
Rogers y Reynaldo Jorge].
Entre los poquitos que han vislumbrado
este desmadre universal y local, tenemos una transfiguración lírica y personal
de Cristo afín al ateo Otero Silva, el cinismo de Iván Karamázov y el popular misticismo
vitalista de Kazantzakis. La tentación cristológica en el mismísimo teatro del
mundo escindido, deviene por fortuna en auto-análisis y reconocimiento que
deshace el engaño y sus laberintos retóricos: “Este texto es también un ejemplo
de la vieja escritura con metáforas”. La lectura salvífica de sí y para sí
encuentra la revelación del Ser y el Decir en el Post-Scriptum entre líneas.
¿Qué esperamos, pues?
EL HERMANO MENOR CUMPLE 16 AÑOS. José Carlos De Nóbrega
EL HERMANO MENOR CUMPLE 16 AÑOS
José Carlos De Nóbrega
“El Hermano Menor” (2000) es el primer volumen de
narrativa breve de Ramón Núñez, publicado bajo el sello editorial de la
Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Este conjunto de dieciocho
cuentos apunta a la inmediatez expresiva y, en especial, a un afán relator de
índole figurativa. La perspectiva narrativa, si bien diversa, obedece a la
transparencia de un discurso que se solaza en el juego vivaz con el lenguaje,
enclavado fundamentalmente en el mundo de la infancia y la adolescencia. Se
trataría entonces de una aproximación placentera y cómplice a la literatura de
formación que nos evoca a Hesse, Cortázar, Pancho Massiani y Bryce Echenique.
La recreación del Paraíso recobrado de la
infancia constituye una sentida línea de indagación lírica: “Érase una vez” no
sólo es el preludio de este libro, sino la configuración lúdica de un ars
cuentística personal: La literatura dignifica la lengua de la humanidad cuando
establece una confrontación divertida con el mundo real [escurridizo de por sí]
pese al rostro severo del pensamiento racional. De allí se desprenden sus
múltiples e inéditas lecturas de la cotidianidad, haciendo migajas la rutina y
la claudicación del rebaño con asombrosa impunidad. La crueldad inherente a la
niñez es delatada por la lengua resentida y revanchista del narrador
protagonista en “Celestino”, ello en la rima obscena e hiriente que funciona
como estribillo hecho furia catártica. “¡Mami, mami, regálame un burdel!”, se
nos presenta como un ejercicio humorístico e impostor para derribar los muros
de la pacata beatitud no sólo social, sino incluso literaria: Se reivindica el
relato fantástico que se emparenta con el inventario descocado en la Tienda de
Muñecos de Julio Garmendia. Los cuentos de hadas, al igual que la literatura
sagrada, han sido pasto del fuego censor de traductores y comentaristas
desencaminados.
La disfuncionalidad familiar se halla
tratada y reconvertida en instancia utópica. “Dilectum ferrum” revisita al
Frankenstein de Mary Shelley, sólo que para evidenciar el paradójico ejercicio
solitario de conformar una familia fantástica reciclando tuercas y metal, como
si fuese un inútil poema futurista: “Felices todos entonces e indiferentes, más
bien serenos y muy equilibrados (y agradecidos, claro) ante cualquier pieza
herrumbrosa tirada por ahí, restos del tráfico que ya no importan ni
consuelan”. El cuento que da título al libro, reconstruye el núcleo familiar en
su precariedad emocional misma: el confinamiento del hermano menor inducido por
la ausencia de los padres y la compulsión protectora de las hermanas, se nos
antoja una estampa expresionista y distópica por superar en virtud de la Poesía
misma. Las fantasmagorías y el Bestiario vienen envueltos en la ensoñación,
para exponer la fragilidad del ser humano sobreviviente como depredador del
Otro y de sí mismo. “Diez” como cierre de la figura, agrupa diez textos breves
o miniaturas narrativas que comprenden el aforismo, el poema en prosa y el
micro-cuento.
¡A
comer de este cruzao apetitoso hasta
relamerse los dedos de gula lectora! ¿Recuerdan haber bailado La Malanga de
Eddie Palmieri? VLC, 27 de agosto de 2016.
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